¿Dónde estamos?

Argentina está situada en el Cono Sur de Sudamérica, limita al norte con Bolivia, Paraguay y Brasil; al este con Brasil, Uruguay y el océano Atlántico; al sur con Chile y el océano Atlántico, y al oeste con Chile. El país ocupa la mayor parte de la porción meridional del continente sudamericano y tiene una forma aproximadamente triangular, con la base en el norte y el vértice en cabo Vírgenes, el punto suroriental más extremo del continente sudamericano. De norte a sur, Argentina tiene una longitud aproximada de 3.300 km, con una anchura máxima de unos 1.385 kilómetros.
Argentina engloba parte del territorio de Tierra del Fuego, que comprende la mitad oriental de la Isla Grande y una serie de islas adyacentes situadas al este, entre ellas la isla de los Estados. El país tiene una superficie de 2.780.400 km² contando las islas Malvinas, otras islas dispersas por el Atlántico sur y una parte de la Antártida. La costa argentina tiene 4.989 km de longitud. La capital y mayor ciudad es Buenos Aires

PAPA FRANCISCO

PAPA FRANCISCO

De saladeros y frigoríficos


Los saladeros

Una ordenanza de 1809 abrió el puerto de Buenos Aires al ingreso de mercadería inglesas. El pretexto de la ordenanza y de esa política reafirmada por los siguientes gobiernos revolucionarios, era el “fomento de la ganadería” que se produciría por la exportación de productos que se lograría con el “libre comercio”. Pero los comerciantes ingleses, que tenían el monopolio de las exportaciones de cebo y cueros, impusieron la “ley de su precio”. Los criollos debían conformase con el precio ofertado por los comerciantes ingleses o dejar que los productos se pudrieran el las barracas. Cuando aumentaba la demanda y subía el precio, los comerciantes ingleses recurrían a los cuatreros.

A partir de 1812 los ganaderos bonaerenses comenzaron a organizarse para defensa de sus intereses. Pidieron al gobierno la persecución del cuatrerismo y en 1815 se establece al Policia Rural. Por otra parte comenzaron a crearse saladeros para comercializar los excedentes de carne sin depender de los comerciantes ingleses.

Se forma la “Unión de Estancieros”, fundada entre otros por don León Ortiz de Rozas, su hijo Juan Manuel –de 20 años- y los Anchorena.

Los saladeros impulsados por estos pioneros de esa industria, en cierta forma independizaba a los productores del comercio inglés, porque vendían el tasajo a Brasil, Estados Unidos y Antillas, donde la carne salada era utilizada para alimentar a los esclavos.

Los comerciantes ingleses no se rindieron, y por el contrario, se negaron a transortar el tasajo en buques ingleses. Tampoco se rindieron los criollos, y una flota modesta de pequeños buques construidos en astilleros locales, comenzaron el transporte del tasajo fletado por los hacendados. Los comerciantes se vieron entonces obligados a pagar el valor real del cebo y cueros.

Los comerciantes ingleses sufrieron una derrota, pero le sobraban influencias y capital para tomarse revancha.

Una fuerte sequía en el año 1817 provocó escasez y alza de los precios, y los comerciantes ingleses aprovecharon para hacer una campaña periodística, y hasta en folletines y pasquines- para echar culpas a los saladeros por el aumento del precio.

El 23 de abril de 1817, Pueyredón convocó a una reunión de hacendados, “matanceros” y saladeristas, para que encontraran un modo de bajar el precio de la carne de consumo. Los comerciantes insistían con el cierre de los saladeros, pero los hacendados se comprometieron a carnear solamente de su hacienda particular mientras durase la crisis de la sequía, y a mantener los precios de la carne de consumo al nivel anterior a la crisis.

A pesar de todo, el 31 de mayo de 1817 Pueyredón ordenó el cierre de los saladeros. Al mismo tiempo que sacaba de las manos criollas el arma de lucha contra el monopolio ingles, los autorizaba para trabajar “solamente para los buques ingleses”, que debían alimentar sus tripulaciones.

Los frigoríficos.

Pese al cierre de los saladeros, el precio de la carne de consumo no bajó, porque los abastecedores mantuvieron un precio monopólico. Para remediar la situación, pueyredón se vio obligado a convocar una nueva junta de saladeristas y abastecedores. Se comprometieron a hacer el abasto al precio que fije el Cabildo, si se reabrían los saladeros. Así se hizo con el abasto, pero los saladeros no volvieron a abrirse.

La industria de los saladeros fue la antecesora de los frigorificos, que como sabemos, en nuestro país pasaron a ser mayoritariamente ingleses.

Fuente:
- www.lagazeta.com.ar