¿Dónde estamos?

Argentina está situada en el Cono Sur de Sudamérica, limita al norte con Bolivia, Paraguay y Brasil; al este con Brasil, Uruguay y el océano Atlántico; al sur con Chile y el océano Atlántico, y al oeste con Chile. El país ocupa la mayor parte de la porción meridional del continente sudamericano y tiene una forma aproximadamente triangular, con la base en el norte y el vértice en cabo Vírgenes, el punto suroriental más extremo del continente sudamericano. De norte a sur, Argentina tiene una longitud aproximada de 3.300 km, con una anchura máxima de unos 1.385 kilómetros.
Argentina engloba parte del territorio de Tierra del Fuego, que comprende la mitad oriental de la Isla Grande y una serie de islas adyacentes situadas al este, entre ellas la isla de los Estados. El país tiene una superficie de 2.780.400 km² contando las islas Malvinas, otras islas dispersas por el Atlántico sur y una parte de la Antártida. La costa argentina tiene 4.989 km de longitud. La capital y mayor ciudad es Buenos Aires

PAPA FRANCISCO

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El puente giratorio sobre el Canal Oeste

El puente giratorio del Barrio Campamento nace de un acuerdo por reducir peajes en los rieles interiores del Puerto, entre el Ferrocarril del Sud y la empresa Muelles y Depósitos, el 1º de abril de 1908.

Para el 9 de noviembre de 1911, la firma Frodymgham, Iron & Steel, a la que se había encargado la obra, tenía encajonadas y listas para embarcar las piezas del "meccano" y las carpetas de la ingeniería para el anclaje sobre el que iba a girar el "plato" del puente.

Pero en el puerto de Londres se desató una violenta huelga obrera que, para hacerla más efectiva, los militantes ácratas borraron destinos y rompieron precintos tanto de muchas cajas destinadas a ultramar como de consumos internos.

Así que a Río Santiago llegó un puente incompleto que se depositó en los actuales terrenos de las calles Córdoba y Pasaje Lavalle por la Dique (actual Almafuerte).

Mientras el Estado Nacional presionaba a Muelles y Depósitos por incumplimiento en los plazos de construcción, el Ferrocarril del Sud intimaba a la siderúrgica inglesa que, entre flema británica y disturbios de entrega por paros gremiales, llevaba cuatro años de atraso, con pagos a distintos peajes y costos operativos incalculables por uso de rieles ajenos que se pensaba solucionar con alargar 500 metros el ramal terminal Ensenada hasta el proyectado puente.

Finalmente, recurriendo a su archivo de plantillas y gálibos la Iron & Steel Sons Co. construyó la parte faltante del puente que desde el Barrio Canal Oeste prolongaba en un quiebre la calle Colón (hoy Horacio Cestino), y que fue inaugurado, a horas del último remache, el 21 de diciembre de 1913, sin ninguna ceremonia.

La artista Nora Carballo decoró el refugio de Almafuerte entre Ortiz de Rosas e Italia tratando de mostrar lo más representativo de los dos barrios que por medio del ferrocarril se unían saltando los 45 metros y 7 pies de profundidad del Canal al Dique de Cabotaje, cada vez que una formación con destino a Muelles y Depósitos Ltd. Co. lo atravesaba con su carga, generalmente con trigo destinado a la exportación.

Apunte de Adolfo González

N. de la R.: El día que se inauguró el Puente Giratorio, el entonces niño Enrique Pérez fue, con un grupo de amiguitos, "a ver cómo se caía el puente cuando pasaba el primer tren". Eso no sucedió. El puente soportó durante muchos años el paso de trenes cargados hacia el Puerto. Hoy es una olvidada reliquia que no sabemos valorar.
Enviado por el
Prof. Daniel A. Galatro
virtualoyd@hotmail.com

Juan José "Pepe" Garay - Deportista e historiador

Garay, Juan José
Nació el 18 de septiembre de 1927, hijo del Dr. José Garay y de Doña Elena Barceló, nadador y esgrimista relevante, historiador, inquieto, curioso, seguidor fiel de Gimnasia y Esgrima de La Plata, radical de tradición, elegante y bien educado, amigo incondicional. Como nadador fue trece veces campeón en estilo pecho entre 1941 y 1950; campeón provincial 100 metros estilo pecho en 1947; campeón universitario argentino en 200 metros estilo pecho y abanderado de la UNLP en 1951; tres veces campeón argentino de 3a categoría; ocho veces campeón argentino de 2a categoría; campeón nacional de 1a categoría en 200 metros estilo pecho en 1954; campeón argentino posta, con récord argentino, en 1953; campeón de la República en 200 metros estilo pecho en 1953; representante argentino en el en el Campeonato Internacional de 1950; y participante en el Campeonato Internacional en Chile, venciendo en las competencias desarrolladas en Santiago y Viña del Mar en 1947.
En la práctica de la esgrima, desarrollada entre 1959 y 1972, Garay obtuvo varios importantes galardones. Fue campeón nacional de espada de 3ª categoría en 1959, obtuvo el subcampeonato de la República por equipos en 1960 y el campeonato provincial de espada de 1ª categoría en 1961. Representó a nuestro país en el campeonato sudamericano de esgrima en Lima (Perú) en 1966 y fue campeón nacional por equipos de la 1ª categoría representando a la Provincia de Buenos Aires en 1972.
Pero dentro del espíritu de Pepe Garay, un familiar directo suyo, Horacio Cestino, había sembrado un orgullo y un amor por el pueblo que germinaría muchos años más tarde. De contar la historia de su familia, ya de por sí rica y llena de hombres y mujeres notables en esta Ensenada, pasó a la investigación y difusión de toda la historia local. Fundó y presidió la Junta de Estudios Históricos "Ensenada de Barragán", declarada de interés municipal y afiliada a la Federación de Entidades de Estudios Históricos de la Pcia. de Buenos Aires.
Y esto realimentó su entusiasmo, convirtiéndolo en miembro titular de la Sociedad Argentina de Historiadores. Continuó escribiendo su obra "Historia de la Ensenada y sus dos puertos". Fue socio fundador e integrante de la Fundación Perito Moreno en apoyo al Museo Nacional de La Plata, miembro titular y fundador del Círculo Literario Jorge Luis Borges, presidente de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Ensenada, miembro titular del Instituto de Estudios Genealógicos y Heráldicos de la Pcia. de Buenos Aires, autor del proyecto de museo y archivo municipal en la llamada "Casa de Rosas", participante en más de una docena de congresos y jornadas.
Participó del Congreso Iberoamericano de los Puertos (Palacio Paz - Buenos Aires - 1989); de las Jornadas sobre el Quinto Centenario del Descubrimiento de América (Academia Argentina de la Historia - Buenos Aires - 1992); de las Jornadas Rioplatenses sobre Período Hispano (Buenos Aires y Colonia - 1992); de las Jornadas sobre Museos Provinciales (Dolores - 1993); del Congreso sobre los Pueblos Bonaerenses (Mar del Plata - 1993); del Encuentro de Historiadores (Ostende - 1994); del Congreso sobre la Historia de los Saladeros (Gral. Lavalle - 1996); del Congreso sobre Personalidades Bonaerenses (Dolores - 1999); del Séptimo congreso de la Historia de los Pueblos (Mar del Plata - 1999); y de muchos otros.
Asimismo tuvo activa participación en la defensa de nuestra autonomía municipal. Pero Juan José Garay fue también otras cosas. Un señor mayor que sentía especial satisfacción cuando los niños se le acercaban para preguntarle sobre su amada ciudad y su historia, y las puertas de su hogar estaban siempre abiertas para recibir a todos aquellos que se interesaban por conocer más sobre detalles de nuestro pasado.
Condujo su programa radial "Raíces" que cada semana siguieron muchos ensenadenses y "afuereños", etc., etc. Y fue un buen amigo con el que se podía contar siempre.
El 14 de septiembre de 2000, a media mañana, en el Concejo Deliberante, una pequeña multitud desbordó la Sala de Sesiones. Radio, televisión, diarios y revistas, sumados a cantidad de amigos de Juan José Garay que querían acompañarlo en ese día tan especial. El "Ciudadano Ilustre de Ensenada", emocionado, estaba feliz. El Intendente Municipal leía los fundamentos de la Ordenanza y los Concejales, los directivos de instituciones, los amigos y los periodistas se iban conmoviendo al recordar cada logro deportivo o cultural que mencionaba.
Y hasta "Juanchi" Conti, representando al Club de Gimnasia y Esgrima de La Plata tan amado por Pepe, le hizo entrega de una distinción importante.
Mañana de abrazos, besos y charlas sobre cosas de la ciudad que todos amamos y criticamos sanamente. Oportunidad para decirle a Juan José Garay ("paraguas", al decir del crítico deportivo Dante Panzeri), el hijo del buen doctor, el hermano de nuestro representante olímpico en Wembley, el agradecido familiar de los Cestino y de los Tellechea, el conversador "interminable", el hombre enamorado de su bella esposa desde muchas décadas atrás, el radical "de los de antes", el amigo confiado y confiable, que tenía un lugar ganado en el corazón de muchos.
Luego de muchos meses de sufrimiento por una injusta hemiplejia, Juan José Garay falleció en 2004.

Luis José Fanessi - Un ensenadense notable

Fanessi, Luis José
El 16 de octubre de 1998, el Honorable Concejo Deliberante de Ensenada, en uso de sus atribuciones, sancionó la ordenanza 2187/98 por la cual se declaró Vecino Distinguido de la comunidad local al Sr. Luis José Fanessi. Lo hizo en reconocimiento a su extensa y fructífera trayectoria gremial en defensa de los auténticos principios de la clase trabajadora.
Luis J. Fanessi nació el 18 de marzo de 1908 en la Isla Santiago. Cursó sus estudios primarios en la entonces Escuela nro. 36. A los 13 años de edad se desempeñaba como peón cosechador de quintas y peón rural en la cosecha de trigo, trabajando de sol a sol con salario de un peso por día.
El 22 de noviembre de 1922 ingresó como aprendiz en la Base Naval, sin compensación salarial durante los primeros seis meses de prueba. Luego comenzó a cobrar ochenta centavos por día.
Durante el año 1929 cumplió con el servicio militar obligatorio. Fue testigo, con tristeza y amargura, del golpe militar del 6 de septiembre de 1930, que produjo el derrocamiento del gobierno democrático y popular de Hipólito Irigoyen. Fue durante esa "década infame" en que comenzó a participar de las primeras rudimentarias organizaciones de trabajadores, unidos para peticionar a las autoridades por las mejoras salariales y demás beneficios sociales, a fin de sobrellevar las graves consecuencias de miseria y hambre que el régimen provocaba.
El 1º de noviembre de 1936 se afilió a la Unión Obreros y Empleados del Estado, por sugerencia de sus compañeros. En 1941 fue designado delegado de la sección Mecánica y Secretario General de delegados. Posteriormente llegó al cargo de Secretario Adjunto de la seccional Ensenada, compuesta por personal de YPF, civil de las fuerzas armadas, Salud Pública, Obras Públicas y la Fábrica Militar de ácido sulfúrico.
Durante esos tiempos se orientaban por el principio rector de que "la emancipación de los trabajadores es obra de los trabajadores mismos". Cuando su compañero Tesorieri había sido recluido en la cárcel de Villa Devoto, consiguió su liberación a través de todo un trabajo de lucha y reclamo.
En marzo de 1944 se inicia una nueva era. Desde la nueva Secretaría de Trabajo y Previsión se comienzan a conseguir los primeros beneficios sociales.
"El 17 de octubre de 1945 forma parte de la marea humana proletaria que se hizo presente en la Plaza de Mayo para pedir, con estremecedora espontaneidad y en virtud de la coincidencia impetuosa de que son capaces los hombres y las mujeres del pueblo, la libertad de su líder. Como si hubiesen tenido conciencia de que ellos con su actitud determinaban el comienzo de un período de genuino engrandecimiento nacional, desde todas partes, en impresionantes columnas que vencían todo obstáculo, llegaron no solamente para pedir la libertad de su líder sino para producir la revolución social que el país necesitaba y para consolidar una demostración de fuerza, intuitivos y seguros de lo que hacían, sostenidos por lo inamovible de sus convicciones. Marea de grito y pasión, densa, y a la vez desbordada, como cuando se libra la última batalla, la única que no se puede perder".
Hemos trascripto del texto de la Ordenanza 2197/98 este párrafo textualmente por entender que refleja mucho del sentimiento que animó al joven Fanessi de aquellos días, impulsándolo a integrarse a esa columna que avanzaba hacia Buenos Aires pero también avanzaba hasta el lugar que la aguardaba en la historia argentina.
El 5 de noviembre de 1945, Luis José Fanessi, con otros cincuenta compañeros estatales, es recibido por el Secretario de Trabajo y Previsión.
Una vez que Perón asume el gobierno por el voto popular, Luis continúa su trabajo habitual, siendo nombrado por concurso Jefe de Mecánica Balanceador en la Base Naval. Y continuaba con más entusiasmo que nunca con su actividad sindical.
En el transcurso del año 1951 se hizo acreedor, junto a otros 5 compañeros, a una beca de especialización en países extranjeros. El 2 de enero de 1954, luego de 31 años de labor ininterrumpida en la Base Naval, se le otorga el pase definitivo a Astilleros Río Santiago.
1955. 16 de junio y 16 de septiembre. El gobierno del General Perón es sacudido y finalmente derribado por sangrientos ataques. Fanessi participa activamente en su defensa. Luego, junto a la clase obrera, reacciona y resiste. Épocas de Valle y de Tanco. Finalmente es dejado cesante por "falta de lealtad a la Marina de Guerra" (no podían decir que lo echaban por peronista). Y el odio es tal que, a pesar de la ley de amnistía sancionada en 1958, se le niega la reincorporación. Luis José Fanessi es un hombre "peligroso".
En diciembre de 1961 se le otorga la jubilación anticipada y es contratado como empleado en la farmacia de la obra social de ATE.
Pero Fanessi es un roble. Se alista tras la resistencia comandada por John William Cooke junto a los ensenadenses Juan Antonio Collazo, José Oviedo, Justo Varela, Andrés Cerrudo, Tito Castellani, Alberto Magnoni, Alberto Aparicio, Jorge Blanco, Ricardo y Enrique Maresca, Jesús Llanes, Elías Amigorena, Raúl Sosa, Luis Riché, Vicente Díaz, Enrique Navarro, Osvaldo Núñez, Carlos Vardin, los Di Lorenzo, Toselli, Ríos, Luise, Mariquita Tesorieri, Élida Collazo, las Ríos, Chamorro y muchos más.
El 18 de marzo de 1962 (elecciones ganadas en la Provincia por Framini y Anglada) es electo como primer concejal en la lista de Juan Collazo para Ensenada. Cumplía 54 años ese mismo día pero no pudo recibir ese regalo de su pueblo. Las elecciones no resultaron válidas según los militares, y fueron anuladas. Como en los juegos infantiles, si gano yo vale, si ganás vos, no vale. Y no podía ser que la Provincia de Buenos Aires quedara en manos peronistas. Fanessi siguió transitando la parte oscura del camino. Fue vendedor de vinos, empleado en la proveeduría de ATE, fruticultor en la Isla Santiago.
El 11 de septiembre de 1968 se crea el Centro de Jubilados y Pensionados de los trabajadores del Estado y es designado primer secretario general del mismo, y dos meses más tarde se convierte además en Secretario Adjunto a nivel nacional.
Su personalidad y su experiencia fueron valoradas por sus pares sindicales, y el 7 de julio de 1971 asume como Secretario de Previsión en el Consejo Directivo Central de la Asociación, siendo en 1974 uno de los delegados argentinos al Tercer Seminario Latinoamericano de Trabajadores Estatales, que se realizó en Lima (Perú) participando 18 países.
El 20 de abril de ese mismo año 1974 recibe un merecido homenaje por su trayectoria abnegada, honesta y digna, de parte de la comisión de ATE Ensenada y de la comisión del Centro de Jubilados y Pensionados del gremio. Asimismo integró la comisión de los actos conmemorativos del cincuentenarios de la Organización Gremial de Estatales. El hombre de la Isla Santiago seguía aportando su presencia en la lucha por los derechos de los trabajadores.
El 24 de febrero de 1983, Fanessi es designado apoderado de la lista constitutiva de la Confederación de Gremios Estatales, que preside otro ilustre ensenadense: el compañero Gerónimo Izetta. Hasta el 20 de noviembre del año siguiente se desempeña como Secretario General Adjunto del Consejo Directivo Central de ATE.
En octubre de 1987, don Luis es nombrado Presidente de la Comisión del Centenario de la Escuela de Río Santiago (antes nro. 36 y hoy nro. 8).
Hoy, en pleno año 2000, Fanessi es un hombre de edad avanzada, pero de ningún modo un "viejo". Ha encontrado la fuente de la juventud eterna al rodearse de muchachos y chicas con los que no solamente dialoga sino con los que planifica, a través del Club de Leones y del Club Leo, acciones a realizar en un futuro inmediato.
Ensenada lo ha declarado Ciudadano Ilustre. Pero tiene mayores lauros: el amor invalorable de sus familiares y amigos, que lo quieren y lo respetan por su calidad humana.
Este homenaje que hemos procurado rendirle no tiene, de ningún modo, la connotación de un punto final a una historia de vida. Es apenas un punto y seguido. Sin embargo, por lo hecho hasta ahora, queremos decir a don Luis Fanessi que le agradecemos y que lo admiramos profundamente. Usted ha demostrado que cualquier circunstancia se puede enfrentar y superar cuando uno es un hombre de bien.
En una entrevista con la Revista "Villa Tranquila", Luis Fanessi relató, entre otras cosas:
"Cuando yo empecé mi aprendizaje en ATE, estábamos unidos con YPF. Era la 'Unión Obreros y Empleados del Estado' . Como teníamos menos afiliados, en la Comisión teníamos cuatro representantes y ellos tenían siete. Eran mayoría. Mariano Fernández era el Secretario General. Había muchos delegados de izquierda. ...
Nosotros no hacíamos uso de licencia gremial. Trabajábamos todo el día y después nos reuníamos allí, en Ortiz de Rosas, donde está ahora, pero era un caserón viejo que se venía abajo, se caían todos los pisos, se llovía adentro. Era una miseria espantosa. Pero, de cualquier forma, salíamos del trabajo y nos reuníamos. Y cuando terminábamos la reunión estaban los delegados de YPF esperándonos en el salón más grande y nos traían problemas. Ellos querían hacerle una huelga a Perón. Estaban embarcados en ésa. El motivo eran las seis horas. Nosotros estábamos totalmente de acuerdo. Querían a toda costa hacerle un paro. Y se lo hicieron, al final. Se podía haber logrado sin hacer ese paro. Yo entendí, mientras estuve trabajando gremialmente, que todo se podía conseguir conversando. No llevando violencia o queriendo forzosamente conseguir una mejora. ...
Ha cambiado todo. Usted ve, por ejemplo, que yo estoy acá. Esto lo hice después del año 40. Con maderas de la isla y un poco que compré me hice esto. Yo no me enriquecí actuando en el gremio. Al contrario. No solamente yo, sino Pepe Castelani, Yánez..., toda esa gente, a veces poníamos un peso nosotros para viajar. Tomábamos el tren, y había segunda y primera. En segunda costaba uno ochenta el viaje ida y vuelta. Y nosotros, para no ocasionarle gastos al gremio, viajábamos siempre en segunda. Cuando bajábamos en Constitución había que acomodar los huesos. ...
A mí me tocó, y a los que estaban conmigo también, actuar con los militares. Y era de la Marina, una institución seria. Yo había entrado de aprendiz a la Base. Me hice ahí, junto con ellos. Y eran severos y rectos. Yo siempre tuve ese concepto. De que eran gente recta. Y me acuerdo de haber ido a hacer gestiones junto con el Secretario General del gremio. Íbamos al Jefe de Personal y luego teníamos audiencia para hablar con Massera. Nunca nos negó la entrevista. Nos trataba muy amablemente. Íbamos nosotros y creo que éramos privilegiados. Ellos sabían cómo actuábamos nosotros, correctamente, entonces teníamos las puertas abiertas. ...
Yo tengo este concepto de la Policía. A mí un policía nunca me molestó. Y no me molestó porque yo tampoco molesté a nadie. Si alguien hace lo que no corresponde, entonces la Policía es mala para él. Para mí, si la Policía no existiera sería lo mismo, porque no la necesito. ...
En mi juventud, hasta los dieciocho o diecinueve años, yo era de tendencia socialista. Pero después de la "Revolución Libertadora", cuando a Palacios lo nombraron Embajador en Uruguay y se fue en un barco de guerra, desde ese día dije: "No, basta. Los criticamos, decimos de todo, y después somos igual que ellos". ...
Yo pienso que ahora, especialmente, haría falta educar mucho. ...
Le voy a decir cómo empecé a luchar. Yo estaba en la Base y un día trabajábamos en la campana de salvamento de un submarino, conectando la máquina para recoger el cable y arrimar esa campana arriba de la escotilla del submarino. A mí, cuando no había gremio, me destinaban como delegado a la Mutualidad Antituberculosa, que era lo que tenía la Marina al principio. Me habían mandado varias veces. Había que hacer una gestión con el Director, de la Sección mía siempre me señalaban y me mandaban a mí. Y de ahí, es claro, me fui haciendo un poquitito amigo hasta de los jefes. La gente quería a toda costa que yo actuara gremialmente. Pero yo estaba en la isla y me daba cuenta de que no podía ser. (Aquí vino una larga conversación acerca de la isla, sus principios, cómo es vivir allí, etc. que ya transcribiremos en esta columna). ...
Como siempre me gustó la lucha, pero siempre para hacer el bien, vi que mi sobrino y otros que estaban en el Club de Leones hacían algo bien. Un día me invitaron a cenar con ellos, y como estaba mi sobrino fui con él. Vi toda su obra, todo lo que hacían y, sobre todo, la atención. ...
En la Base Naval había un profesor italiano llamado Mario Bertagna. Él fue el que me enseñó a trabajar en la balanceadora, la famosa balanceadora. Él y yo comenzamos a balancear los motores. Los profesores de allí sabían mucho y eran muy exigentes. Por eso, a la gente de la Base después la buscaban de todos lados. ...
Después de jubilarme no puedo quedarme quieto. Dentro de mis posibilidades, siempre estoy haciendo algo. Por ejemplo, agarro un zapín y me pongo a escarbar la tierra. Me gustan las plantas, me gusta todo eso. Dentro de las posibilidades, dentro de lo que yo puedo moverme, lo hago. Además tengo que cuidar a mi esposa que no ve. ¿Usted sabe que cocino? No muy bien, quizá, pero tengo que hacerlo. ...
Yo viví más dentro del gremio que en mi casa. Mi aprendizaje gremial fue después del año 40. Vine a vivir aquí en el año 41, en esta casa, aquí, como estoy ahora (actual Bossinga casi Francisco Cestino), No había nada. Un cañaveral. Esta Doña Adela, no recuerdo el apellido. Donde está la estación de servicio hubo un bar. Yo venía a casa de noche. Recuerdo cuántas noches, con esas reuniones en que los zurdos nos entretenían allí, venía a mi casa cuando ya estaba mi hijo durmiendo en los brazos de la abuela esperándome para cenar. Eran las 10, las 11 de la noche. En ese tiempo no había licencia gremial como ahora. ...
Habían llegado unos transportes que llevaban presos a Ushuaia a dirigentes gremiales y activistas. Los vi. Estaban a bordo, metidos abajo, en la bodega, y los llevaban al sur. Y también "les daban leña". ...
(Menciona luego Luis a un secretario general por el que sintió respeto y admiración: José Vicente Tesorieri, de quien nos muestra incluso una fotografía tomada en una concurrida reunión sindical). Esto fue en un Congreso en la calle Colombres 142. Fue la vez en que yo actué como farmacéutico. Y no solamente eso sino que por ahí me decían "doctor". ...
Perón, para mí, a lo mejor equivocado, fue un estadista, un visionario (dice, mientras exhibe una fotografía de un joven Coronel Perón dedicada a Luis Fanessi el 5 de noviembre de 1945). Aquí fue cuando el nos dijo, parado junto al ascensor en el tercer piso de un edificio de la calle Posadas, que "la clase trabajadora unida es más fuerte que el ejército". Y también nos dijo: "ustedes están ahora en condiciones de poder ir a ocupar la función pública".
...
A la isla Santiago alguna vez la denominaron "Isla Fanessi". Yo le voy a explicar por qué. Resulta que cuando vino mi abuelo aquí a la Argentina se radicó en el Dique. Y ahí se enteró de que iban a hacer el puerto. Entonces, con un hermano, decidieron, sabiendo que iba a haber mucho trabajo, ir a poner un restaurant en la isla. Y lo pusieron. Todavía no vivía gente en la isla. Uno de los primeros habitantes de la isla fue mi abuelo. Entonces, cuando pusieron el restaurant, como en la isla del otro lado se había radicado Pagani con su "Restaurant Pagani", de este lado le llamaron "Restaurant Fanessi". No era el nombre de la isla sino del restaurant, pero muchos le empezaron a decir "Isla Fanessi". Tal es así que habían hecho un muelle para desembarcar pasajeros y, cuando lo reparó Obras Públicas, le pusieron un cartel de "Muelle Fanessi". ...

(continuará)

El Marqués Gabriel de Avilés - Virrey



Avilés, Marqués Gabriel de

Nació en la Villa de Avilés (Oviedo, España), y, por tanto, asturiano (casi gallego pues "gallegos y asturianos, primos hermanos"). 

Heredó el título de marqués pues el anterior no tuvo descendencia. Familia de militares, aún joven llegó a Capitán de Caballería. 

En 1768 participó del intento de Carlos III tendiente a recuperar las Malvinas ocupadas por los ingleses, intento que no llegó ni a desarrollarse en las islas. Mientras esperaba, instruyó a las tropas de caballería para luchar contra los araucanos. 

Diez años más tarde, ya comandante, fue trasladado a Perú como jefe de caballería. Tuvo participación en la represión del alzamiento de Tupac Amarú. 

Se casó con Mercedes, una limeña viuda e ilustre, con la que no tuvo hijos. En 1783 fue ascendido a brigadier con tareas en El Callao, en 1791 llegó a mariscal y en 1798 a teniente general. 


En septiembre de 1786 asumió el cargo de Capitán General del Reino de Chile, labor que desempeñó hasta octubre de 1797 en que fue designado Virrey de Buenos Aires, asumiendo el cargo efectivamente recién el 14 de marzo de 1799. Fue virrey durante dos años, dos meses y seis días. 

Se ocupó de la cultura, de la medicina, de la náutica, de la economía, de lo social y de lo político. Y lo hizo bien. El 5 de mayo de 1801 decretó la fundación de Ensenada, cuando ya había sido nombrado Virrey del Perú. El 20 de mayo, pocos días después, entregó el mando a su sucesor, el virrey Del Pino.

El fundador de Ensenada murió en Valparaíso (Chile) en 1810. Hizo grabar en su tumba lo siguiente: "Aquí yace el Marqués de Avilés, Teniente General de los Reales Ejércitos. Fue Gobernador y Capitán General del Reino de Chile, y sucesivamente Virrey de Buenos Aires y del Perú, y hoy es pasto de los gusanos. Mortales: despreciad lo terreno y aspirad a lo eterno. Y rogad por este pecador."


*****
Algo más...

De un trabajo de Juan José Garay, Presidente de la Junta de Estudios Históricos de la Ensenada de Barragán, publicado en la semana del 14 al 20 de noviembre de 1998 por el periódico Primera Página de Ensenada, extraemos algunos párrafos:

Era hijo del brigadier don José de Avilés. Por herencia ostentaba el título de marqués de Avilés. En 1782 contrajo matrimonio con doña Mercedes del Risco y Ciudad y con la cual no tuvo sucesión. Siguió la carrera de las armas, llegando a alcanzar el grado de coronel de caballería, siendo destinado al Perú con el objeto de organizar y disciplinar las milicias de esas armas. Por el mes de noviembre de 1780 estalló la rebelión del cacique Tupac-Amaruc, enviando el virrey don Agustín de Jáuregui tropas para sofocar la revuelta.

Le tocó al coronel Avilés el mando de la reserva, con la cual cooperó en la derrota del cacique alzado el 6 de abril del siguiente año. Siendo brigadier fue nombrado en 1787 subinspector general de las tropas del virreinato y gobernador de la Plaza presidio de El Callao. En 1796, capitán general del reino de Chile y Presidente de la Real Audiencia de Santiago; permaneció en este punto hasta que fue nombrado virrey de Buenos Aires en 1799, llegando a la ciudad el 14 de marzo del mismo año. Muy poco tiempo estuvo al frente de este virreinato, ya que por fallecimiento del Marqués de Osorno fue nombrado Virrey del Perú. El gobierno de Buenos Aires lo entregó al general don Joaquín del Pino. Llegó a la ciudad de Lima para hacerse cargo del mando el 6 de noviembre de 1801.

Manuel Dorrego - según Ramón Quiróz

Dorrego, Manuel
(Semblanza basada en un monografía realizada para nuestro sitio por nuestro colaborador Ramón Quiroz, basada el un libro del historiador argentino Aníbal Atilio Röttjer)

Dorrego asume el gobierno el 15 de agosto de 1827, a los 40 años de edad. Había sido soldado de la Independencia, herido en la batalla de Suipacha el 7 de noviembre de 1810 - primer triunfo de las armas argentinas.
"Tuvo, en la batalla de Tucumán, el honor de la jornada", el 24 de septiembre de 1812, según afirmación del general Paz, y distinguióse igualmente en la batalla de Salta, el 20 de febrero de 1813.
Desterrado a EE.UU. por el director supremo Pueyrredón, en noviembre de 1816, por dirigir la oposición a su gobierno absolutista, extranjerizante y antipopular, junto con Miguel Estanislao Soler, Domingo French, Antonio Gervasio de Posadas, Pedro Agrelo, Manuel Vicente Pagola, Manuel de Sarratea y otros, regresa en 1820 a la caída del Directorio.
Después de la batalla de Cepeda y del Tratado del Pilar, vence a Carrera y a Alvear en San Nicolás, el 2 de agosto, a López en Pavón el 12, pero es vencido por éste en Gamonal el 2 de septiembre.
El gobernador Rodríguez lo destierra a Mendoza, mas en 1824 es elegido diputado al Congreso Nacional por el Partido Federal, actuando como apasionado paladín del partido popular, jefe del grupo parlamentario y opositor a Rivadavia.
Inteligente, ilustrado, valeroso y apasionado, asume el gobierno de Buenos Aires en momentos difíciles en lo social, en lo financiero y en lo militar. Tuvo como ministros a los generales Tomás Guido, Juan Ramón Balcarce y a Vicente López y Planes.
Transforma la huerta del convento de los franciscanos recoletos, incautada por Rivadavia en 1821, en el actual Cementerio del Norte (o de "La Recoleta"), donde reposan sus restos.
Políticamente celebra tratados con las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Córdoba para organizar la nación mediante un congreso o convención general que se reúne en Santa Fe en 1828 para fundar la República Federal, pero choca con las pretensiones de Bustos, gobernador de Córdoba, que deseaba ser presidente de la república, propiciando para ello el traslado del Congreso a la ciudad mediterránea.
Lavalle, desde Buenos Aires, escribe a su suegro, Don Juan de Dios Correas, el 2 de mayo de 1828, sobre el panorama político de la ciudad: "Se va apurando la paciencia de este pueblo que teme, no sin fundamento, que esta administración se venga abajo a garrotazos. (El Partido Unitario) tiene en su mano ejecutar ese cambio a la hora que quisiera... El último mal que estos hombres (del Partido Federal) van a hacer a este pueblo es obligarlo a ejecutar un cambio por las vías de hecho, que ya están olvidadas. Pero no hay más que dos partidos a elegir: o servirse de las vías de hecho o abandonar a nuestro pobre país al vandalaje."
El jefe unitario de la oposición a la política de Dorrego en Buenos Aires es el doctor Julián Segundo de Agüero. Componen la logia: José Valentín Gómez, Gregorio Gómez, Salvador María del Carril, Juan Cruz Varela, Manuel Gallardo, Ignacio Núñez, Zenón Videla, José María Paz, Carlos María de Alvear, Francisco Fernández de la Cruz, etc. Esta logia unitaria concerta una rebelión, que se apoyaría en las tropas que regresarían de la campaña del Brasil, y comprometen a Juan Lavalle para que asuma la dirección militar. Luego le otorgan también el gobierno de la provincia.
El general Tomás de Iriarte, contemporáneo de Lavalle, dice de él en sus memorias: "Soldado atrevido, engreído y de limitados alcances, capaz de los mayores atentados." Los dirigentes unitarios, que necesitan un jefe de acción, lo engatusan, lo nombran un prohombre, y lo designan como instrumento ciego de la guerra que se preparaban a hacer a su rival (Dorrego).
Más tarde dirá Juan Manuel de Rosas: "El Partido Unitario le hizo creer a Lavalle que las ideas (del Partido) no vencerían si no se acababa con los que lo combatían. Le hizo creer que el mal estaba en los mandatarios. Lavalle lo creyó...", por eso lo vemos aceptar con orgullo el papel de jefe de una conspiración que no fue más que un motín militar.
Rosas, resentido con Dorrego, renuncia a la comandancia de las tropas de la campaña el 1º de abril de 1828, pero su dimisión no es aceptada. En la noche del 30 de noviembre de 1828 se conviene en la logia unitaria realizar la sublevación de las tropas recién desembarcadas, y dar muerte a Dorrego y a Rosas. Esa misma noche, Rosas se retira de San José de Flores y, a pesar de su distanciamiento con Dorrego, le avisa de la conspiración que trama la logia: "El ejército nacional llega desmoralizado por esa logia que desde mucho tiempo (hace) nos tiene vendidos; logia que en distintas épocas ha avasallado a Buenos Aires, que ha tratado de estancar en su pequeño círculo a la opinión de los pueblos; logia ominosa y funesta, contra la cual está alarmada la nación".
Dorrego no da crédito a las advertencias de Rosas que le dice: "Usted no va acertado en su política" y los unitarios "amagan con muy serios peligros al país" y manda que su edecán llame a su despacho a Lavalle. Pero éste, ante la tropa formada en el cuartel de la Recoleta, contesta: "Diga usted a Dorrego que ya voy, pero para arrojarlo a patadas de un puesto que no merece ocupar".
En la revolución y su inminencia todos creían, menos Dorrego. Las tropas salen de sus cuarteles y comienza la revuelta del 1º de diciembre de 1828. Dorrego huye de la ciudad, pero antes envía un chasqui a Rosas: "Ponga en ejercicio todos los recursos que estuvieran a su alcance para citar, reunir y dirigir, donde y como tuviere por conveniente, los regimientos a su mando y con ello obrar enérgicamente en protección de la autoridad y de las leyes".
Hay un verdadero enfrentamiento clasista que requiere una clara definición en obsequio a la tranquilidad social de los argentinos. La revolución es una reacción de los aristócratas unitarios y liberales contra la democracia federal. Dos grupos perfectamente definidos. En el centro de la ciudad, en mansiones solariegas, viven los rentistas, los comerciantes, los que se enriquecen con las operaciones del Banco de Buenos Aires y el contrabando. Con los letrados y funcionarios forman el grupo más culto del país. Se los conoce con el nombre de "gente decente". El otro grupo lo constituye el resto de la población, desde los artesanos a los esclavos.
Entre ambas clases figuran muchos hacendados que, formando el grupo de la "gente decente" por la índole de sus intereses vinculados a las actividades ganaderas, comprenden al segundo grupo, no lo desprecian, y gozan de prestigio en la vida de la estancia con los peones, el bajo pueblo, la llamada "chusma" por la gente decente.
Ésta se caracteriza por su espíritu burgués, su descreimiento, su egoísmo y convencimiento de su superioridad y poder que les da el dinero. Carentes de toda vocación de sacrificio y de profundo espíritu nacional, mantienen una devoción pueril por todo lo que venga de Europa.
Lavalle, elegido tumultuosamente gobernador en la capilla San Roque junto al templo de San Francisco, el mismo de la revolución, delega el mando en el Almirante Brown, quien el 5 de diciembre le escribe a Rosas, su amigo, que es conveniente que no se mezcle en el asunto: "Por mi amistad hacia su benemérita persona y por el aprecio con que debidamente le miro... he sido testigo de este pronunciamiento de la gente distinguida.". Rosas no responde, por no herir al ilustre marino engañado.
El 7 de diciembre, Juan Cruz Varela recuerda a Lavalle: "La verdadera misión de Ud. es concluir con esa chusma y escarmentarla." Y Julián Agüero insiste: "Y no dudo que Ud. ha de concluir con estos salvajes; pero es necesario que esto se logre cuanto antes."
Dorrego piensa unirse al coronel Ángel Pacheco, a pesar de los consejos de Rosas que le insiste en ir con él a Santa Fe pues puede ser traicionado. En efecto, el comandante Bernardino Escribano y el mayor Mariano Acha, que se pasaron a los revolucionarios, lo intiman a entregarse preso.
Dorrego, prisionero, escribe a Brown y a su ministro José Díaz Vélez para que le permitan expatriarse en los EE.UU. Brown comunica a Lavalle su conformidad. Al respecto, Díaz Vélez, luego de escuchar a los parientes de Dorrego y a los embajadores de EE.UU. (Forbes), Inglaterra (Parish) y Francia (Mandeville), añade en su carta a Lavalle: "Estoy persuadido, mi amigo, que Dorrego no debe morir. La dignidad del país a mi ver así lo exige. Débesele extrañar perpetuamente mas nunca fusilarlo, pues el juicio será muy dudoso si es que han de consultarse los ápices de la justicia."
Salvador María del Carril, y Juan Cruz Varela, su íntimo amigo, le recuerdan a Lavalle lo ya convenido, o sea ordenar la ejecución del infeliz gobernador. "Prescindamos del corazón en este caso. El proceso está formado... Ésta es la opinión de todos sus amigos... Esto es lo que decida de la revolución... Este pueblo espera todo de Ud. y Ud. debe darlo todo... (Los muertos y heridos) deben hacer entender a usted cuál es su deber..." Varela concluye antes de firmar: "Cartas como éstas se rompen."
Del Carril, sin atreverse a firmar, dice en la suya, que luego completa con otra: "En 18 años, el país ha vivido entre revoluciones, sin que una sola vez se haya realizado un escarmiento. No puedo figurármelo a Ud. sin la firmeza necesaria para prescindir de los sentimientos... Hablo de la fusilación de Dorrego. Hemos estado de acuerdo en ello antes de ahora... Ha llegado el momento de ejecutarla. La ley es que una revolución es un juego de azar en el que se gana hasta la vida de los vencidos, cuando se cree necesario disponer de ella. Este principio es de una evidencia práctica. La cuestión me parece de fácil resolución. Si Ud. la aborda así a sangre fría, la decide, si no, habrá Ud. perdido la ocasión de cortar la primera cabeza de la hidra y no cortará las restantes... Todos esperamos de Ud. una obra completa."
El 13 de diciembre llega Dorrego al campamento de Lavalle, y por medio del coronel Juan de Elías se le intima que dentro de una hora será fusilado.
"Amigo mío," - le dice Dorrego - "proporcióneme papel y tintero y hágame llamar al cura Castañer."
Escribe a su esposa, a sus hijas, a su hermano Luis y a sus amigos.
A López le expresa: "En este momento me intiman morir dentro de una hora. Ignoro la causa de mi muerte, pero de todos modos, perdono a mis perseguidores. Cese Ud. de su parte todo preparativo, y que mi muerte no sea causa de derramamiento de sangre."
En su carta a su esposa le dice: "Mi querida Angelita: En este momento me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro el por qué, mas la Providencia, en la cual confío, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso en desagravio por lo recibido por mí. Mi vida, educa a esas amables criaturas. Sé feliz ya que no pudiste serlo en compañía del desgraciado Manuel Dorrego."
A las tres de la tarde del 13 de diciembre de 1828, en los campos de Navarro, cae fusilado el coronel Manuel Dorrego.
Lavalle reúne a sus jefes y les dice: "Soy enemigo de comprometer a nadie. Lo he fusilado por mi orden. La posteridad me juzgará." A Díaz Vélez le comunica: "Acaba de ser fusilado por mi orden." A Brown le manifiesta: "En la posición en que me hallo no debo tener corazón... Al sacrificar al coronel Dorrego lo hago con la persuasión de que así lo exigen los intereses de un gran pueblo."
Lavalle se equivocaba. Él y los jefes del Partido Unitario cometieron el más grande crimen de nuestra Historia.
El mismo Domingo Faustino Sarmiento más tarde afirmará: "Lavalle respondía a una exigencia de su Partido."
Félix Frías, el confidente de Lavalle y quien lo acompañó todo el resto de su vida hasta enterrarlo en la Catedral de Potosí (Bolivia), escribirá el 11 de junio de 1839 en su diario particular esta confidencia de su general: "¡Quién no cometió errores! Yo, el mayor; uno inmenso que trajo todas estas calamidades de la patria; pero, le protesto a usted que sacrifiqué a Dorrego con la intención más sana... Yo le confieso, yo me arrepiento a la faz de mi patria."
En la historia sangrienta de nuestro país, Lavalle y los unitarios escribieron la primera página
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Historia de la Ensenada - Conferencia Esteverena


La Ensenada de Barragán
Conferencia brindada por el Contraalmirante Rolando O. Esteverena
en el Club Náutico Ensenada el 22 de Mayo de 1954

"Los mejores y más dulces instantes de mi vida, después de los de mi infancia, los pasé en una quinta a orillas del Río Santiago, en el pueblo de Ensenada. Bajo la sombra de los eucaliptus, en los montes de tala, espinillos y ceibos en flor, mi espíritu divisó nuevos horizontes y quizás en las horas de meditación, las energías casi agotadas por un pesimismo prematuro, renacieron vigorosas, impulsándome en el camino del estudio, que emprendí otra vez, como el viajero que después de extraviarse halla la senda anhelada. Allí escucharon mis oídos viejas tradiciones y hombres venerables que me mostraron ruinas, huellas, rastros, de siglos fenecidos. Hallé borrados por el tiempo, vestigios de una larga existencia extinguida, la que poco a poco fue revelándose a mi mente en su verdadera magnitud."

Así prologa la tesis que presentó en 1919 Manuel María Oliver para optar al doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, tesis que lleva el título "La Ensenada de Barragán", idéntico al que me propusiera para mi conversación de hoy el señor Presidente del Club cuyas jubilosas Bodas de Plata festejamos.
Recuerdo que cuando yo llegaba por primera vez a la Ensenada, de esto hace más de treinta años, sentí también el embrujo telúrico y la cordialidad de su paisaje, acaecimiento que abona la emoción de la evocación que haré, pero no así la calidad de la disertación, pero como hablamos de un mismo sentimiento, nuestra secular Ensenada, perdonaréis torpeza en la expresión ya que es amor la intención.

La Ensenada de Barragán, cuyo nombre por prioridad en su descubrimiento, se pronunció antes que el de Buenos Aires, apasionó por la grandeza de su destino desde la época de la Colonia, y Zavala, Loreto, Arredondo, Manuel Belgrano, Avilés, Mariano Moreno, Álvarez Thomas, Pueyrredón, Rivadavia, Las Heras, Alberdi y Pellegrini, entre otros, bregaron por su gloria.

Todos los gobernantes de valía del país durante los siglos XVII y XVIII lo habían indicado como el puerto que había en el Río de la Plata. Dichos augurios determinaron que Dardo Rocha se dirigiera a las lomas de Ensenada, las tierras de su elección, cuando hubo de fundar la ciudad de La Plata - hoy "Eva Perón".

La Ensenada de Barragán, madre así de la ciudad Capital del primer Estado Argentino, pues esta nació en su seno, al fundarse aquélla tenía ya una historia secular. Comienza la misma en 1520 cuando el viaje de Magallanes la nave "Trinidad" explora el Río de la Plata hacia el sudeste y descubre la caleta de la Ensenada. Esta fecha marca su entrada en la historia, pero la primer denominación asignación de estas tierras suceden en 1580 cuando Juan de Garay realiza la distribución de lotes para chacras y estancias en los alrededores de Buenos Aires y entre ellas asigna las tierras del "Valle de Santa Ana", que poco después se denominara Pago de la Magdalena, y que comprendía lo que hoy conocemos por el partido de ese nombre y el de la Ensenada.

En 1629 se instalaban los Barragán en la zona pues Bartolomé López, que fue Alférez Real del Cabildo de Buenos Aires, vende en ese año a Antonio Gutiérrez Barragán, hijo del alcalde de Buenos Aires, parte de las tierras que le hizo merced el Gobernador Hernandarias de Saavedra en 1618 como premio de los servicios prestados a la corona.

Antonio Barragán inició la colonización de la zona estableciendo aquí una estancia que por muchos años conservaron sus descendientes y que dio el nombre original a estos parajes designados comúnmente con el nombre de "Estancia de Barragán", y para los marinos que recalaban en sus costas con el de "Ensenada de Barragán" pues, como es lógico, asociaban el nombre del accidente costero al de mayor nombradía en la ribera.

El primer reconocimiento formal de la Ensenada, camino del río, ocurre en 1727, cuando el piloto práctico del Río de la Plata Juan Antonio Guerrero entra con su buque al abrigo de la Ensenada, recorriendo los canales Santiago y El Zanjón. En 1730, el Gobernador Bruno Mauricio de Zabala da cuenta del citado reconocimiento a su Rey y canta los primeros aleluyas a la bondad portuaria de esa zona, entre otras con las siguientes palabras: "Con este descubrimiento que lo ha sido al cabo de tantos años, que se ha navegado por este río, pasé a la Ensenada, donde experimenté, y reconocí los días que me detuve en ella, las ventajas de aquél paraje para invernar y carenar los navíos". Zabala bautiza la Ensenada con el nombre de "San Martín y San Bruno" que no prosperan, quedando para siempre el de "Barragán".

Barragán muere dejando numerosos descendientes que se afincan en la zona, los que poseen numeroso ganado en la estrecha franja - 200 metros - de tierra apta con agua y pasto que corría a lo largo de la costa, y su estrella recién se pone en 1747 cuando Pablo Barragán, nieto del primitivo poblador, remata en pública subasta su estancia. Los reemplazan los López Osornio de quien descendía Juan Manuel de Rosas.
Los Barragán, sin embargo, señores de esta zona del Plata, llenan una centuria en la historia del pasado.

El nuevo puerto que había reconocido Zabala exigía su fortificación y éste ya había pensado en ello pues en la comunicación precitada al Rey decía: "Que con la distinción y calidades y circunstancias de esa nueva ensenada puede estar bien defendida con una sola batería construida a la entrada de ella, por donde los navíos es forzoso se acerquen a tierra y que así sin recelos de que experimenten insultos podrán estar con toda comodidad siendo españoles".

A partir de 1731 el fuerte recientemente construido constituye el centro de gravedad del futuro pueblo. Dicho fuerte estaba circundado por una muralla de adobes cocidos y en sus esquinas se levantaban las garitas para protección de los centinelas de guardia, algunas de las cuales aún se conservan en las históricas ruinas.

El primer antecedente bélico del fuerte se remonta a la invasión portuguesa al Río de la Plata pues desde él Zabala hace respetar los artículos del Tratado de Utrecht relativos al contrabando sobre el litoral sudamericano como se puede leer actualmente en el mármol fijado en la pirámide levantada en la entrada del antiguo reducto.

El fuerte cierra su primer ciclo en 1789 en que sus muros sufren un gran derrumbe debido a una creciente del río pero como - son palabras del Marqués de Loreto - "es menester mantener en la Ensenada de Barragán, cuando pueda establecerse con el abrigo y resguardo suficiente, que será cuando se hagan de nuevo las obras que se llevó el río, en paraje libre de ese peligro con las precauciones necesarias" se reconstruyó por su orden, obra que se terminó en 1800 y es desde tal fecha en que está emplazado donde hoy pueden venerarse sus ruinas.

Lógicamente que las variaciones de la fisonomía de la zona lo muestran tierra adentro pero en la época de su construcción su emplazamiento permitía que su artillería dominase el canal de entrada. Al mantenerse en el fuerte una guardia militar se dieron las bases para el nacimiento del pueblo a cuya prosperidad inicial van a contribuir los incipientes mataderos que abastecían a los buques que hacían la travesía de Buenos Aires a Cádiz. A su vera habrían de afincarse los primeros pobladores de la zona y surgir los primeros negocios cuyo incremento dependería de la importancia que tomase el fuerte.

A mediados de 1700 el auspicioso reconocimiento del tenedero, la subdivisión de tierras y las primeras edificaciones que efectúan los López Osornio dan a la Ensenada su primer bosquejo pueblerino. Más allá las tierras realengas como portal de la pampa salvaje.

Comienza en esta época el reinado de los López Osornio - más breve que el de sus antecesores los Barragán. Francisco López Osornio construye en 1750 la primera capilla que más tarde lega su nieta, Doña Cipriana Sosa, la que regaló una Virgen de las Mercedes patrona desde entonces de la Ensenada cuya imagen se conservó en el templo local hasta ser reemplazada por la actual.

Desde mediados de 1700 hasta 1800 el dominio de los López Osornio disminuye en beneficio de una mayor subdivisión en chacras y estancias. Nace en esta época - 1798 - la industria de la carne en forma primitiva de matadero y salazón. Uno sobre el Zanjón y otro sobre el arroyo Piloto. El tráfico de esclavos negros, las tahonas, el amasijo de pan, la manufactura de velas de sebo, van activando la vida pueblerina que respira por su reciente puerto.

A fines del siglo XVIII los hombres de 1810 empiezan a mostrar sus inquietudes por el engrandecimiento de Ensenada, y así Manuel Belgrano propone al Real Consulado medidas que muestran su inquietud por el progreso de este pueblo. Citaremos un párrafo del proyecto que él redacta - 1792 - y que logra ser sancionado:
"2º - Al individuo que en toda forma hiciese constar haber establecido una huerta y monte de árboles útiles en el puerto de la Ensenada de Barragán se le asignarán cincuenta pesos. Será preferido el que hiciese constar haber plantado mayor número de árboles y haber cultivado más hortalizas."

Vamos a cerrar esta evocación cronológica de los acontecimientos del siglo XVIII con los dos problemas dominantes de esta época con respecto a la Ensenada: uno su habilitación como puerto y el otro, secuela del primero, su seguridad como tal ante el ataque enemigo. Los dos, como es lógico, nacen juntos a la preocupación de los gobernantes, y tienen su origen en la nota al Rey del Gobernador Zabala que ya hemos citado.

Los gobernantes buscaban ansiosos el puerto que reemplazase al de Buenos Aires, que no era solución portuaria, sin abrigo, sin reparos, expuesto a las sudestadas y lleno de bancos, bajíos y canales que dificultaban su acceso. Agréguese a ello el desplayado que encarecía la descarga de los buques por el uso de barcas y lanchones. No había duda que Ensenada superaba en mucho las condiciones naturales del único puerto - Buenos Aires - habilitado de la margen occidental del Río de la Plata. Por otra parte, la rada abierta era propicia a las incursiones de piratas y contrabandistas, y en cuanto a la Ensenada, su defensa era un problema igualmente más sencillo. Todo señalaba la conveniencia de habilitar dicho puerto.

En cuanto a los puertos de la banda oriental como auxiliares del de Buenos Aires, Montevideo se desechaba por su distancia y encarecimiento del flete, la Colonia estaba en poder de los portugueses y Maldonado no ofrecía ventajas comparables con las que brindaba Ensenada. Todo señalaba que Ensenada debía ser incorporado a Buenos Aires como un organismo de su propia vitalidad.

Recién al nacer el siglo XIX se cristalizan las inquietudes del anterior y el 2 de enero de 1801 por decreto de Avilés se permite el arribo de los buques de comercio al puerto de Ensenada. Lo conceptúa como auxiliar del de Buenos Aires y así elude la venia real, condición necesaria para habilitar un nuevo puerto. Precipitó este decreto una fuerte sudestada que azotó Buenos Aires en diciembre de 1800 destruyendo y llegando sus aguas hasta la Plaza Victoria. El temporal echó a pique veinte buques de ultramar que se encontraban en la rada. Y este acontecimiento hizo que el comercio pidiese a la Junta la habilitación del puerto de Ensenada.

En el mismo decreto que hemos mencionado se dispone la fundación del pueblo, comisionando al Ingeniero Don Pedro Cerviño para que pasando al puerto de Ensenada - son las siguientes palabras textuales del decreto - "Haga prolijo reconocimiento del terreno donde debe situarse el nuevo pueblo señalando el lugar más aparente para plaza - iglesia y casas capitulares, que sucesivamente delinee las calles del pueblo" y sigue así la parte dispositiva del decreto dando el ancho de las calles, veredas, señalando la extensión de las cuadras o manzanas y exigiendo finalmente la presentación de un plano del nuevo pueblo.

Como consecuencia inmediata de la habilitación de un nuevo puerto de las ventajosas características del de Ensenada, se fortaleció el fisco virreinal pues, hasta el día del decreto del Marqués de Avilés, el contrabando con asiento en la Colonia y los comerciantes de Montevideo y Maldonado atrayendo las flotas a sus puertos tenían bajo su control el comercio en el Río de la Plata.

La habilitación del Puerto de Ensenada trajo una enconada polémica sobre las bondades relativas de los puertos de Ensenada y Montevideo que llegaron a reflejarse en las crónicas periodísticas del "Telégrafo Mercantil", periódico de la época.

Ensenada es la primera puerta abierta al monopolio del comercio del Plata y junto a su puerto se alza la naciente población con 1.000 habitantes en su planta urbana, según datos de 1802.

La figura descollante del pueblo es ahora Don Pedro Duval, quien lucha como miembro del Real Consulado junto a Belgrano para la habilitación del puerto, y logrado esto llena con sus buques las dársenas naturales de la ensenada. Queda de esta época en los recuerdos tradicionales de Ensenada el de la "Casa Grande", como se la llamó popularmente, y que levantara Duval como materialización de su riqueza. Estaba ubicada donde 80 años después estuvo la quinta de la familia Richardson.

Los Barragán, los López Osornio, y ahora - comienzos del siglo XIX - Duval, marcan etapas en la vida de Ensenada, y cito a este último pues al fallecer en 1818 sus escasos bienes pasaron a sus acreedores y con esto termina la obra de este propulsor de Ensenada.

La obra de la naturaleza que señala a Ensenada como el mejor puerto natural del Plata, cuyas bondades elogian los gobernantes desde los principios del siglo XVIII, parece - caso paradojal - destinada a empequeñecerse y desaparecer en medio de esporádicos destellos.

El Virrey del Pino, sucesor del Marqués de Avilés, no se preocupa por hacer cumplir el decreto de 1801, y Montevideo vuelve por sus bienes perdidos. Ensenada decae hacia 1805, sólo quedan los saladeros, las baterías y el pequeño muelle de atraque al Zanjón.

En 1806 y 1807, Ensenada es testigo de las dos invasiones inglesas. Durante la primera -1806 - era Jefe del fuerte el Capitán de Navío Don Santiago de Liniers, quien según la tradición concurría con sus soldados, en brillante uniforme, a oír misa los días domingos. Todos conocéis los hechos de las Invasiones Inglesas. Sólo me cabe agregar que aquellos cañonazos del fuerte - que aún existe y vosotros conocéis - fueron el despertar de la resistencia del pueblo de Buenos Aires a la primera Invasión Inglesa. Al año siguiente, en la Segunda Invasión, abandonado el fuerte por los patriotas por haberse trasladado las baterías que lo fortificaban a la Banda Oriental, los ingleses se apoderaron de él, instalando un hospital.

El Ministerio de Marina ejerce la custodia del fuerte, verdadera reliquia histórica que es la condecoración que ha dejado a la Ensenada de hoy la Ensenada de los virreyes. Yo os invito, en nombre de la Marina, si no los habéis hecho, a visitarlo. Pasead por él e imaginad la Ensenada de fines del siglo XIX vista desde el fuerte. El Río de la Plata bañando sus muros; más allá el Monte Santiago, abarrotado de durazneros, talas, sauces y ceibos. Hacia el norte, saliendo del monte, se ve cruzar una manada de ciervos huyendo del tigre que en la maleza acecha. Más allá, hacia el sur, tras las chozas del mezquino pueblo, las pampas donde el indio anida. En las aguas próximas a la extremidad del Monte Santiago, una fragata parece prolongar el paisaje en la quietud que le da el fondeo, mientras en el fuerte un soldado corta el silencio del paisaje y de los hombres con un canto en la dulce lengua gallega, que lo aprendiera en la aldea nativa que hoy añora en su lejano destierro. El resto, estatismo del paisaje sin vida, avanzada del desierto sobre un río de donde va a aspirar la vida que le llega, camino del mar. El pueblo de la Ensenada es lo único que, aferrado a la esperanza de su puerto y adosado a su fuerte, pone una nota de civilización en la zona, mientras el mirador de la "Casa Grande" de Duval sugiere un destino de gran ciudad colonial.

Debo agregar aquí que el mal era general para el Virreinato del Río de la Plata; había un solo puerto, el de Montevideo, quedando Buenos Aires relegado a la condición secundaria de puerto de tránsito. La libertad de comercio, aspiración de los hombres de Mayo, era el oxígeno necesario para reavivar la economía del Virreinato.

Llegamos a 1810, y Belgrano, que en ese entonces era Secretario del Real Consulado, inicia su prédica de abrir las puertas del comercio, y lógicamente se singulariza su afán con el puerto de Ensenada, por cuanto sus condiciones naturales permitían su reactivación de inmediato, e incita, desde el "Correo de Comercio", a los comerciantes más ricos a establecerse en la Ensenada.

Belgrano no está solo pues lo apoya Moreno, quien ya en 1801, en un manuscrito titulado "Nuevo aspecto del comercio del Río de la Plata" había dicho: "En otras manos que las españolas será a esta horas la Ensenada una ciudad de comerciantes de cuarenta a cincuenta mil almas. Otro gobierno tan ignorante como lo es el de España para con sus colonias podrá no haber fomentado este puerto del Río de la Plata hasta el grado de elevación a que sus ventajas naturales lo destinan, pero ninguno habrá sido capaz de inhabilitarlo para el comercio. Éste es, sin embargo, el estado al que se halla reducido."

A partir de 1810 en que la Junta de Buenos Aires gobierna, brisas favorables soplan para el puerto de Ensenada y traen hasta sus márgenes el grito de "comercio libre" de Mariano Moreno, y en esos momentos sólo podría traducirse por "hacer de Ensenada el puerto de liberación", ya que no podía pensarse en Buenos Aires, obstaculizado por bajíos y lleno de peligros.

Esta necesidad tiene otro sentido a partir del 25 de mayo de 1810 pues Montevideo en manos enemigas ahogaría la liberación, y así el 29 de mayo - vale decir a cuatro días del glorioso 25 - nótese la preocupación de la Junta por este problema - resuelve declarar puerto franco a la Ensenada.

Debemos agregar que a la Junta le interesaba igualmente afincar poblaciones, y en tal sentido y con referencia específica a la Ensenada, su preocupación está reflejada en el decreto del 24 de octubre de 1810 en el que se lee: "El fomento de la población de Ensenada que la Junta ha resuelto sostener a toda costa, excitará la codicia de algunas personas que en semejantes condiciones compran terrenos dilatados por interés de la reventa o para establecer grandes posesiones, que quitan a los pobladores la esperanza de ser algún día propietario...". Y el decreto, en su parte digamos "dispositiva", señala que la venta de terrenos no puede pasar de una manzana, y fija otras medidas destinadas a evitar la especulación por un lado y el fomento edilicio - debía comenzarse a edificar a los dos meses de comprado el terreno - por el otro.

No he de cansar al auditorio con la cita de los decretos y disposiciones de la Junta con que trata de asegurar el adelanto del puerto y de la población de Ensenada, pero los dos decretos mencionados, más la visita de Mariano Moreno, muestran que el mejor destino de Ensenada fue una de las primeras preocupaciones de los hombres de la revolución de Mayo. Cabe agregar que es de Mariano Moreno igualmente la iniciativa de fortificar el puerto y hacer de él apostadero permanente de la flotilla de la Junta. La hoy Base Naval Río Santiago - preocupación de los hombres del 90 - de haberse sostenido las ideas de Moreno, remontaría su historia a los años de nuestra emancipación.

Mariano Moreno en voluntario ostracismo sale del Puerto de Buenos Aires el 24 de enero de 1811 para el de Ensenada, quedando allí un día y visitando otra vez su puerto. Al alejarse definitivamente del suelo patrio, los ceibos, talas y sauces del Monte Santiago, con el agitar de sus ramas al viento le dieron a modo de gigantescos pañuelos la cordial y última despedida.

Retomando la historia en sí de Ensenada, diremos que en ella se refleja con sus altibajos el destino de la patria toda, y a través de su historia vemos que ella nace, crece, vegeta, revive con los acontecimientos históricos de cada época, los que a su vez son producto de situaciones políticas, económicas y sociales que van condicionando las etapas que abarca desde el Virreynato hasta fines del siglo XIX. Y es por ello que el puerto de Ensenada, sueño de los hombres de la Primera Junta, no llega a cristalizar pues los sucesos posteriores llevan a segundo término las preocupaciones portuarias, absorbidos los gobiernos por los problemas de nuestra independencia, y así Ensenada cae nuevamente en el abandono antes de que las disposiciones del gobierno de 1810 cumpliesen su objetivo, y así su aspecto en 1815 no difiere mucho del que tenía en 1810, ni en su presente ni en su porvenir.

En 1815 el Director Álvarez Thomas, a pedido de los vecinos del pueblo, pone nuevamente en vigor el decreto de la Junta que hemos mencionado, y así comienza, a raíz de esto, a reactivarse el puerto y por ende el pueblo que de él se nutre.

Pero como ya hemos apuntado anteriormente, Ensenada oscila con la vida nacional, y a partir de 1815 las preocupaciones gubernamentales están enfocadas a la solución del doble problema de la lucha por la independencia en lo externo y la de salvar al país de la anarquía de lo interno. El pueblo queda despoblado y cae en la inacción. Sólo la figura de Cornelio Saavedra - año 1817 - paseando su figura de confinado por las calles del pueblo, trae para los vecinos un motivo de curiosidad y de charla que le niega su Ensenada casi desierta.

Salvada la crisis anárquica de 1820, Ensenada va a volver por sus fueros, y es en 1822 cuando Bernardino Rivadavia recoge las inquietudes de Belgrano y de Moreno, y como este último, su preocupación de gobernante lo lleva a visitarla con detenimiento, y como resultado de la misma visita resuelve que Ensenada sea el puerto principal, y esta vez sobre estudios serios, efectuados por técnicos de reconocida capacidad, se va a construir el gran puerto del Río de la Plata.

Resurge nuevamente la fe en sus habitantes, pero los agitados tiempos que se viven hace que no cristalice el proyecto de Rivadavia. Una sola obra ha quedado hasta nuestros días, y es el llamado comúnmente "Camino Blanco", oficialmente Avenida Rivadavia, que une Tolosa con Ensenada. La obra fue ejecutada por los prisioneros brasileños traídos por el ejército de Alvear.

Puede decirse que concluye con Rivadavia el tesonero empeño de los gobernantes de crear el puerto. Pasado el gobierno de Rosas, es declarada cabeza de partido el 17 de febrero de 1856, fecha en que queda constituida la municipalidad.

En 1872 se inaugura el ferrocarril que la une con Barracas, lo que la hace progresar por sus facilidades de comunicación con la capital de la República. En 1882, la Legislatura de Buenos Aires decreta la fundación en sus dominios de la ciudad capital de la Provincia y el ciclo histórico que comienza para Ensenada en 1520 se cierra definitivamente cuando los fundadores de la Capital de Primer Estado Argentino construyen el puerto de la Provincia de Buenos Aires, que se inaugura el 30 de marzo de 1890. Es el puerto más poderoso que tiene la República pues recién en 1897 se inaugura la totalidad de las obras que constituyen el puerto Madero. En 1905 el puerto de La Plata - hoy Eva Perón - se traspasa a la Nación.

Y así termina la historia de Ensenada que como puerto natural era mucho mejor que el de Buenos Aires, sin embargo, caso curioso, nunca coronó su destino a pesar de sus bondades. El único puerto natural de la actual provincia de Buenos Aires, reconocido inicialmente en el año 1730 por Zabala y posteriormente por Belgrano, Mariano Moreno, Rivadavia, Las Heras, Pellegrini y otros, no llegaría a ser el primer puerto del Río de la Plata.

La Ensenada de Barragán que se extiende entre Punta Lara y Punta Santiago, prácticamente cerrando su desembocadura al Río Santiago, es hoy un accidente sin mayor importancia en la fisonomía geográfica del Río de la Plata. Sin embargo, ella determinó por requerimientos políticos, económicos y geográficos el emplazamiento de la ciudad capital del Primer Estado Argentino, que en ese entonces extendía sus límites hasta el Cabo de Hornos. Las lomas de Ensenada satisfacían los citados requerimientos pues, en lo político, la Ensenada ponía a disposición del Gobierno Provincial un puerto que le permitía retener para sí los impuestos aduaneros; en lo económico, no podía pensarse en un puerto alejado de las viejas corrientes comerciales; y en lo geográfico, el citado puerto de Ensenada contaba con todas las ventajas secularmente conocidas.

La ciudad capital requería su puerto y se construyó el puerto artificial ya sin conexión directa con la Ensenada de Barragán, ya que el canal de acceso se dragó al este de ésta, si bien las condiciones batimétricas de la desembocadura del citado canal responden a condiciones naturales.

Vosotros me habéis pedido que hable sobre vuestra Ensenada y yo os he hablado exclusivamente sobre la Ensenada de Barragán. Debo aclararos que la desembocadura del profundo Río Santiago - tal como se ve en las cartas de los siglos XVIII y XIX - en la Ensenada de Barragán convirtió a ésta en la rada obligada para el fondeo de las embarcaciones coloniales dando origen por influjo de su puerto, de la población original la que sigue sus fluctuaciones hasta que - la caída de Rivadavia puede marcar esta etapa - nuevos intereses nacidos de las facilidades de comunicaciones terrestres lo van ligando más a la tierra y alejándolo de su cuna, la Ensenada de Barragán. Las transformaciones naturales y artificiales - cierre de la desembocadura del río y construcción del puerto - le van restando fisonomía portuaria y su economía se va nutriendo de las industrias que se radican en la zona.

Pueblo hijo del río que le dio la vida, su población que concurre a los clubes náuticos ribereños recorre el mismo paisaje, en lo que no ha sido alterado por la mano del hombre, que allá en los siglos XVIII y XIX tal vez fuera el único que de nuestra tierra conocieron gran parte de los marinos extranjeros que nos visitaran y fondearan en la tranquila Ensenada. Tal vez su vista recorra con distinta emoción pero con igual ternura la última estampa que del patrio terruño llevase Moreno en sus pupilas al alejarse de su patria amada.

Y para vosotros pobladores todos de Ensenada debo deciros que si no ha sido posible la realización del ideal de Belgrano, Moreno, Rivadavia y otros grandes os cabe idealizar lo real por medio del trabajo fecundo y honesto de todos los días y hacer de Ensenada la ciudad que todos vislumbraron. Y así como el Quijote al sentirse morir dice a su fiel escudero Sancho Panza que lo anima con las esperanzas de nuevas y quiméricas hazañas, "en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño", dando así fin a sus sueños de gloria y reclamando en su cordura para sí el nombre, no ya de Don Quijote el de los locos sueños, sino el de Alonso Quijano el Bueno, yo pido así también para Ensenada cuyos quijotescos sueños portuarios ya no tienen razón, el título sencillo y noble de "Ensenada la Buena", la que soñando quijotescamente con todas las grandezas, termina sus aventuras cediendo parte de sus dominios para la creación de la ciudad Capital.

"Ensenada la Buena", como Don Quijote, no sueña ya con su puerto y sólo piensa en la mayor grandeza del Primer Estado Argentino, ya que la suya le será dada como consecuencia.

Y ésa será la real y mayor hazaña de la Ensenada de Barragán.

*** FIN ***

Trascripción del Prof. Daniel A. Galatro
virtualoyd@hotmail.com
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Historia resumida de Ensenada - Versión municipal


LA HISTORIA DE ENSENADA
Información difundida en el año 2005 por el Municipio de Ensenada

La historia de Ensenada arranca desde los remotos tiempos del descubrimiento de América, determinando el asentamiento de sus antiguos pobladores por su lugar de privilegio costero o las actividades realizadas en la época, la instalación de los primeros saladeros, la heroica participación de sus habitantes durante las invasiones inglesas y su relación en las diferentes etapas de la historia de nuestro país, así como el origen del Parque Escuela de Aerostación y Aviación de Fuerte Barragán.

En el viaje de exploración que Magallanes realizó al Río de Plata en el año 1520 descubrió la Caleta de Ensenada.

Luego de la Guerra de Sucesión en España, se firmó un tratado en Inglaterra, que le permitió a esta introducir esclavos y acrecentar con los portugueses el contrabando en Buenos Aires. Este ilegítimo tráfico, tuvo su centro de operaciones en Colonia del Sacramento (Uruguay).

Preocupados por el poderío y las crecientes pretensiones de ambas naciones, es que España solicita al Gobernador de Buenos Aires Don Bruno Mario de Zabala que implementara los medios para defender la región. Para ese entonces ya se mencionaba a la Ensenada natural dándole el nombre de sus primeros pobladores, los Barragán. Se cree que esta fortificación data de mediados de 1731, estaba ubicada entre los arroyos Zanjón y Piloto, bañando las aguas las murallas, hoy modificada la topografía por la acumulación de sedimentos y la progresiva elevación del terreno.

En el año 1734 se libra una batalla que duró 14 horas, rechazando a los invasores portugueses.

En el 1736 la batería poseía 10 cañones y en el 1750 los López Osornio, dueños de gran parte de las tierras, mandaron a construir la primera capilla cercana a la batería.

Las frecuentes crecidas del río de 1782 y 1789 resolvieron al Virrey Loreto a construir el Fuerte, finalizándose en enero de 1801, cuando era Virrey el Marqués de Avilés, bautizándola con el nombre de Nuestra Señora de Las Mercedes. Simultáneamente en la vecindad fue naciendo una población, contemplándose casas capitulares, plazas, iglesias y otros edificios públicos que fueron fundados el 5 de mayo de 1801. Posteriormente en 1802, Don Pedro Duval hace construir una capilla que reemplaza la anterior.

Este pueblo laborioso se extendió y protagonizó las Invasiones Inglesas, estando a cargo del Fuerte Don Santiago de Liniers y Bremond, designado por el entonces Virrey Sobremonte.

En 1807 desguarnecida la fortificación, los ingleses al mando de Whitelocke ingresaron al territorio.

Los acontecimientos de 1810 determinaron que la Primera Junta de Gobierno asignara mayor importancia a las exportaciones y a principios de noviembre se habilitó el Puerto de Ensenada.

El primer saladero perteneció a Roberto Staples, Juan Mac Neile y Pedro Trapani, ubicado al este del partido de Ensenada. El señor Trapani luego se instaló en lo que hoy es el barrio de Cambaceres.

En 1821 la creación del Juzgado de Paz puso en evidencia la notoriedad que cobró la zona.

Con motivo de la guerra con el Brasil, el 8 de abril de 1827 se produjo frente a estas costas el combate de Monte Santiago. Los soldados tomados como prisioneros, en esa contienda, alojados en la Batería, sirvieron para la construcción del hoy llamado Camino Rivadavia.

El bloqueo francés de 1835, determinó que nuevamente se dotara a la guarnición de 400 hombres para hacer frente al invasor.

Durante 1844 la escuadra Anglo-francesa incursiona nuevamente, provocando el incendio de los buques fondeados. Como consecuencia de esta agresión el coronel de marina Juan Manuel Pinedo se hizo cargo de la nueva dotación de artillería.

En 1855 se le encomendó a Pedro Benoit, reconstruir el Fuerte transformándolo en Lazareto.

El 17 de febrero de 1856 se instaló en forma regular el Municipio de Ensenada, encargado de la distribución de tierras.

En 1860 se instala la Mensajería del Comercio como Correo del Estado.

En 1863 se determinó la traza del ferrocarril entre La Boca y Ensenada. El 31 de diciembre de 1872 finalmente el ferrocarril llegó a Ensenada.

El 10 de abril de 1875, hizo su aparición el semanario “El Porvenir”, publicación de carácter local.

La autorización del telégrafo de Ensenada llegó en 1876 y en ese mismo año se reunieron en el Salón Municipal un grupo de personas con el propósito de dejar constituido el Consejo Escolar del Distrito de Ensenada.

En mayo de 1882 se declara al Municipio de Ensenada como capital provisional de la provincia de Buenos Aires.

El 3 de septiembre de 1883, la Legislatura resolvió la construcción del Puerto de Ensenada, a través de la expropiación de una lonja de terreno comprendida dentro del área de 1200 metros frente a Río Santiago. En 1891 el Gobierno Nacional estableció una estación de torpedos y al año siguiente, en el mes de octubre, se comenzó la construcción del primer muelle y posteriormente se resolvió transformar la citada estación en un ente militar. En 1893 quedó instalado el Apostadero Naval dotándolo con un dique flotante.

El 24 de septiembre de 1904 se sancionó la Ley 4436, mediante la cual el Puerto pasó a la jurisdicción de la nación, dependiendo definitivamente de ésta.

El 22 de marzo de 1905 se creó el Arsenal Naval del Río de La Plata.

A fines de 1909 se comenzó a utilizar, como sede de la Escuela Naval, parte del apostadero Naval de Río Santiago.

Otro acontecimiento relevante tuvo lugar el 11 de febrero de 1916, cuando se creó el “Parque Escuela de Aerostación y Aviación de Fuerte Barragán”. Allí se hicieron ascensiones en globos libres y cautivos y en el Dirigible “El Plata”.

En 1923, el Gobierno Nacional pasó a la secretaría de Marina los terrenos que permitieron la creación en la margen izquierda de Río Santiago, de los Astilleros.

Luego de las gestiones realizadas por el Gral. Enrique Mosconi, en 1923 se pudo concretar el 2 de diciembre de 1925 la primera destilación de petróleo en YPF.

El Fuerte Barragán, es designado Monumento Histórico Nacional por una disposición del año 1942.

Por Decreto 12366 del 17 de julio de 1957 se creó el Partido de Ensenada. El emplazamiento de grandes empresas ha generado uno de los polos industriales más importantes del país, dándole al Distrito un lugar fundamental dentro del desarrollo nacional.

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