¿Dónde estamos?

Argentina está situada en el Cono Sur de Sudamérica, limita al norte con Bolivia, Paraguay y Brasil; al este con Brasil, Uruguay y el océano Atlántico; al sur con Chile y el océano Atlántico, y al oeste con Chile. El país ocupa la mayor parte de la porción meridional del continente sudamericano y tiene una forma aproximadamente triangular, con la base en el norte y el vértice en cabo Vírgenes, el punto suroriental más extremo del continente sudamericano. De norte a sur, Argentina tiene una longitud aproximada de 3.300 km, con una anchura máxima de unos 1.385 kilómetros.
Argentina engloba parte del territorio de Tierra del Fuego, que comprende la mitad oriental de la Isla Grande y una serie de islas adyacentes situadas al este, entre ellas la isla de los Estados. El país tiene una superficie de 2.780.400 km² contando las islas Malvinas, otras islas dispersas por el Atlántico sur y una parte de la Antártida. La costa argentina tiene 4.989 km de longitud. La capital y mayor ciudad es Buenos Aires

PAPA FRANCISCO

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ROSAS Y LAS FIESTAS PATRIAS

El pensamiento de Rosas


Rosas fue siempre un obsesionado por el orden y escrupuloso defensor de las leyes y las autoridades establecidas, por lo que ganó el título de “El Restaurador de la Leyes”. La revolución de mayo no fue una subversión de la autoridad de Fernando VII, sino hecha en su nombre y en preservación de su autoridad derrocada. La historiografía mitrista-liberal le dio otro sentido, y quiso presentar a Rosas como “contrario” a la revolución. Rosas fue sin embargo el que interpretó fielmente el espíritu de los hechos de Mayo, según se desprende de sus propias palabras.
En la conmemoración de 25 de mayo realizada por Rosas en 1836, dio lugar a una ceremonia de muy tocante proporción. Se realizó en el Fuerte, en presencia del cuerpo diplomático, autoridades y sociedad porteña.
En su discurso, dijo el Restaurador:

“¿Qué grande, señores, y que plausible debe ser par todo argentino este día, consagrado por la Nación para festejar el primer acto de soberanía popular que ejerció este gran pueblo en mayo del célebre año mil ochocientos diez! ¡Y cuán glorioso es para los hijos de Buenos Aires haber sido los primeros en levantar la voz con un orden y una dignidad sin ejemplo! No para sublevarnos contra las autoridades legítimamente constituidas, sino para suplir la falta de las que, acéfala la Nación, había caducado de hecho y de derecho. No para revelarnos contra nuestro Soberano, sino para preservarle la posesión de su autoridad, de que había sido despojado por un acto de perfidia. No para romper los vínculos que nos ligan a los españoles, sino para fortalecernos más por el amor y la gratitud, poniéndonos en disposición de auxiliarnos con mejor éxito en sus desgracias. No para introducir la anarquía, sino para preservarnos de ella y no ser arrastrados al abismo de males, en que se hallaba sumida la España”
Luego de señalar que estos fueron los grandes y plausibles objetos del memorable Cabildo Abierto, recordó al falta de comprensión que hubo por parte de la España liberal de los Borbones, restablecida en el más duro absolutismo, por cuyos personeros fuimos “hostigados y perseguidos de muerte”, hasta que – agregó –“cansados de sufrir males sobre males, sin esperanzas de ver el fin, y profundamente conmovidos del triste espectáculos que presentaba esta tierra de bendición, anegados en nuestra sangre inocente con ferocidad indecible por quienes debían economizarla más que la suya propia, nos pusimos en las manos de la Divina Providencia, y confiados en su infinita bondad y justicia, tomamos el único camino que nos quedaba para salvarnos; nos declaramos libres e independientes de los Reyes de España, y de toda otra dominación extranjera”

Terminó “renovando aquellos nobles sentimientos de orden, lealtad y felicidad que hacen nuestra gloria, para ejercerlos con valor heroico e sostén y defensa de la Causa Nacional de la Federación, que ha proclamado la República” (La Gaceta Mercantil. N° 3893, p. 2 y 3. Buenos Aires, 27 de mayo de 1836)

Esta versión de los acontecimientos de 1810 y del difícil período que le sucedió hasta la declaración de la independencia de 1816, es a todas luces la correcta y ajustada a los hechos históricos. (AGM. Proceso al liberalismo argentino. p.82)
 
http://www.lagazeta.com.ar/rosas_y_el_25.htm#01