¿Dónde estamos?

Argentina está situada en el Cono Sur de Sudamérica, limita al norte con Bolivia, Paraguay y Brasil; al este con Brasil, Uruguay y el océano Atlántico; al sur con Chile y el océano Atlántico, y al oeste con Chile. El país ocupa la mayor parte de la porción meridional del continente sudamericano y tiene una forma aproximadamente triangular, con la base en el norte y el vértice en cabo Vírgenes, el punto suroriental más extremo del continente sudamericano. De norte a sur, Argentina tiene una longitud aproximada de 3.300 km, con una anchura máxima de unos 1.385 kilómetros.
Argentina engloba parte del territorio de Tierra del Fuego, que comprende la mitad oriental de la Isla Grande y una serie de islas adyacentes situadas al este, entre ellas la isla de los Estados. El país tiene una superficie de 2.780.400 km² contando las islas Malvinas, otras islas dispersas por el Atlántico sur y una parte de la Antártida. La costa argentina tiene 4.989 km de longitud. La capital y mayor ciudad es Buenos Aires

PAPA FRANCISCO

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FÁBULA DEL BICENTENARIO

(Ediciones Agua Clara en RazonEs de Ser)

La utopía
de una Argentina
Independiente


Sueños del pasado perviven en mí. Amores, éxitos, placeres, sufrimientos, frustraciones, encontronazos con los demás y conmigo mismo. Durante el ajetreo diario acuden a retazos, pero en la noche se materializan entremezclando pesadillas con premoniciones, historias fantasmagóricas, alimentos insustanciales, vestiduras que sofocan, placeres deleitosos, intimidades que no me animo a mencionar ni a mis seres queridos

Ente las neblinas del puerto, en la fugacidad de una imagen, me encuentro en la goleta ¿se llamaría goleta el nao de profuso velamen? …con el Dr. Mariano Moreno. Gran honor compartir el viaje con el prócer, absorto en cavilaciones.
 
Se cuestionaba la misión al Imperio Británico para conseguir armamentos y expertos en modernas tácticas guerreras. Si esa misión hubiera recaído en pusilánimes, se corría el peligro de trocar el dominio español por el dogal inglés, enemigo de la revolución francesa. Y adiós a los inspiradores de nuestros ideales, Rousseau, los jacobinos y el malogrado Maximiliano Robespierre.


Los que tenían el propósito de cambiar algo para que nada cambiase pergeñaron el alejamiento de Moreno, ocultándole la designación subrepticia de Manuel Padilla y un súbdito inglés, John Curtis, que terminarían la misión de Moreno.

Pasados los mareos, adaptado al balanceo, el prócer volvió a sus reflexiones:

“El virreynato del Río de la Plata debía sufrir transformaciones, aún a costa de las prerrogativas que privilegiaban a los comerciantes monopolistas españoles y los grandes terratenientes.”

Esa noche soñé con miles de pequeñas y medianas poblaciones vinculadas por medios tecnológicos, rodeadas de mieses, flores, frutas frescas y establecimientos elaboradores, a los que los trabajadores se dirigirían caminando entre jardines.

Mi antigua radio portátil Spika captaba sus pensamientos: “Se debería proteger a los labriegos de los destrozos en los cultivos ocasionados por el ganado. Convertir a los esclavos en ciudadanos, enriquecer a la nación con sus habilidades Establecer relaciones de intercambio justo con los aborígenes, para lograr la integración de una patria multiétnica, frustrada durante siglos de despojos y explotación”
 
A mí el recuerdo de los reiterados genocidios que padecimos casi me arroja de la cama.

Moreno seguía proyectando: “Protegiendo las industrias regionales, tejidos y ponchos, carretas y carruajes, aceites y vinos, quesos, jabón, ladrillos, cales y tierra romana, se radicaría a la población trashumante y mejoraría la retribución a los gauderios en los saladeros que exportaban charque y tasajo. El país florecería, los recursos se multiplicarían, el Estado ya no dependería exclusivamente de la recaudación de la Aduana de Buenos Aires, ni de los empréstitos usurarios que imponía la banca extranjera. La educación pública contribuiría a elevar la cultura de los ciudadanos, y sus capacidades”

Al atravesar las turbulentas aguas del Golfo de Santa Catalina volvieron los mareos, y el discurso del Dr. Moreno ¿o la Spika? se interrumpió.

Mi divagación nocturna adquirió la forma del ventarrón que deshoja almanaques con ritmo frenético.
 
Tecnología no contaminante, sin migraciones hacia las megalópolis y las villas miseria.

Bienes del subsuelo recuperados para la Nación e inversiones en energías renovables. Federalismo actualizado para limitar la discrecionalidad de las nuevas y viejas oligarquías.

De repente me sentí transpirado, alcanzado por el chorro de divisas al exterior ¡Ganancias multinacionales, evasión o pago de deudas eternas, en 1825 el empréstito Baring Brothers! No nos quedaba más remedio que sobreexplotar los recursos naturales, para exportar y cubrir ese déficit. Intenté gritar ¡Procuración también…!

Me desperté agitado, el corazón se me escapaba del pecho, acudí a la borda en busca de fresco, en la neblina del amanecer creí entrever las exageraciones y las mentiras de la publicidad, destinadas a estimular en la pobre gente el consumismo y la insatisfacción.

Las nubes corrían demasiado rápido, el sol naciente creaba arcoiris fugaces como la vida, la competencia y los personalismos a los que dedicamos nuestro tiempo me parecieron ridículos.


A los cuarenta días de navegación, arrojamos al mar el cadáver de Mariano Moreno.

(Cualquier parecido con la realidad histórica es mera coincidencia)
 
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