¿Dónde estamos?

Argentina está situada en el Cono Sur de Sudamérica, limita al norte con Bolivia, Paraguay y Brasil; al este con Brasil, Uruguay y el océano Atlántico; al sur con Chile y el océano Atlántico, y al oeste con Chile. El país ocupa la mayor parte de la porción meridional del continente sudamericano y tiene una forma aproximadamente triangular, con la base en el norte y el vértice en cabo Vírgenes, el punto suroriental más extremo del continente sudamericano. De norte a sur, Argentina tiene una longitud aproximada de 3.300 km, con una anchura máxima de unos 1.385 kilómetros.
Argentina engloba parte del territorio de Tierra del Fuego, que comprende la mitad oriental de la Isla Grande y una serie de islas adyacentes situadas al este, entre ellas la isla de los Estados. El país tiene una superficie de 2.780.400 km² contando las islas Malvinas, otras islas dispersas por el Atlántico sur y una parte de la Antártida. La costa argentina tiene 4.989 km de longitud. La capital y mayor ciudad es Buenos Aires

PAPA FRANCISCO

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Sobre los juguetes y los niños

Aunque las teorías de Jean Piaget, según los expertos, han sido superadas, quedan en el acervo educativo y pedagógico mundial algunas observaciones de campo (muchas de ellas, realizadas sobre sus propios hijos) y algunos valiosos estudios sobre la construcción de lo real en el niño. “Desde que nace -leemos en un manual- el niño interactúa con un mundo socialmente diseñado. La asistencia, los hábitos alimentarios, la vestimenta, la cuna, los primeros objetos que sostiene en sus manos, el lenguaje en que le hablan, le transmiten rasgos culturales particulares. El nexo entre la cultura y el niño son los distintos agentes socializadores: los padres, los adultos con los que interactúa, los docentes y también otros niños”.


Es justamente respondiendo a ese proceso de incorporación y construcción de lo real, que las fábricas de juguetes -especialmente, las de los siglos pasados- trataron de acompañar con sus productos el impulso infantil de imitar a los mayores. Por eso se fabricaban hogares de juguete y muñecas de juguete, para que las niñas fueran aprendiendo a ser “mamás”. Y también se fabricaban herramientas de juguete y armas de juguete, para que los varones jugaran a ser adultos.


En las familias obreras y campesinas -todavía hoy- los más pequeños utilizan cual juguetes las herramientas y enseres verdaderos que a diario emplean sus padres. Y pronto dejan de usarlas como juguetes, porque la vida misma les va haciendo quemar etapas.


Pero son también una realidad del siglo XXI la desocupación crónica, la lumpenización y la degradación de las personas que han sido expulsadas de la galaxia de la producción y el consumo. Preguntémonos, entonces, cómo será la cotidianidad de esos niños que -con Piaget o sin Piaget- deben abrirse paso en un territorio moralmente arrasado.
 
¿En qué consiste la imitación del trabajo cuando no hay trabajo? ¿En qué consiste la imitación de la familia cuando no hay familia? ¿Cuál vendría a ser la representación, la réplica de un arma, para ese niño que convive con las armas de verdad y la violencia de verdad, desde su primer balbuceo?


Mucho hay para trabajar, a nivel teórico, a nivel legislativo y a nivel social, sobre esos “contenidos” terribles que reciben cotidianamente nuestros niños, a uno y otro lado de la frontera social. Pero salir a decomisar armas de juguete es una burla. Y la contracara sangrienta de esa burla es el gatillo fácil de verdad, apuntando de verdad a la cabeza y el corazón de nuestros pibes.


de UN MUNDO SIN JUGUETES

por Oscar Taffetani
Cortesía Agencia Pelota de Trapo
Publicado en RazonEs de Ser

Nota completa en:
http://www.razonesdeser.com/vernota.asp?d=2&m=8&a=2010¬aid=73118
 
En la imagen: Jean Piaget