¿Dónde estamos?

Argentina está situada en el Cono Sur de Sudamérica, limita al norte con Bolivia, Paraguay y Brasil; al este con Brasil, Uruguay y el océano Atlántico; al sur con Chile y el océano Atlántico, y al oeste con Chile. El país ocupa la mayor parte de la porción meridional del continente sudamericano y tiene una forma aproximadamente triangular, con la base en el norte y el vértice en cabo Vírgenes, el punto suroriental más extremo del continente sudamericano. De norte a sur, Argentina tiene una longitud aproximada de 3.300 km, con una anchura máxima de unos 1.385 kilómetros.
Argentina engloba parte del territorio de Tierra del Fuego, que comprende la mitad oriental de la Isla Grande y una serie de islas adyacentes situadas al este, entre ellas la isla de los Estados. El país tiene una superficie de 2.780.400 km² contando las islas Malvinas, otras islas dispersas por el Atlántico sur y una parte de la Antártida. La costa argentina tiene 4.989 km de longitud. La capital y mayor ciudad es Buenos Aires

PAPA FRANCISCO

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“EL SABIDO CORRESPONDENTE” - Más sobre Pedro Duval

Saladero de la época

“EL SABIDO CORRESPONDENTE”
(o “El conocido corresponsal”, en portugués)

Históricamente Brasil ambicionó dominar una margen del Río de La Plata para comunicar su Mato Groso y hasta dominar o ejercer su influencia sobre Paraguay, (parte de “las Provincias Unidas del Río de la Plata) al que finalmente le tomó parte del chaco Paraguayo y la Misiones Orientales (con la complicidad de Mitre, por cierto). Esta política los impulsó desde siempre a conquistar también la Banda Oriental, o al menos a lograr su separación de las Provincias del Río de La Pata. También hubo intentos de separar Entre Ríos y Corrientes para formar una “República de la Mesopotamia”, por partes del imperio, tal como lo ofrecieron los unitarios de Montevideo a Inglaterra mediante la gestión de Florencio Varela ante Aberdeen (1844) en la corte de Inglaterra, tradicional aliado de brasil desde el siglo XIII. Inglaterra, fiel a su tradición del “divide y triunfarás” y a su “No tenemos perpetuos aliados ni eternos enemigos. Nuestros intereses son lo perpetuo y lo eterno.” (Lord Palmerston) no dio el visto bueno de conquista a brasil, y prefirió la separación en estados menores independientes. “El gobierno no ha traído a la América a la familia real de Portugal para abandonarla y la Europa (Inglaterra) no permitirá jamás que dos estados sean dueños exclusivos de las costa orientales de la América del Sud, desde más allá del Ecuador hasta el Cabo de Hornos” (Lord Ponsonby)

Esta política unitario-inglesa-brasilera, produjo innumerables refriegas con la Provincias del Río de la Plata y con la Confederación Argentina, que llevó hasta la guerra contra el imperio de Brasil, derrotado en Ituzaingo por el ejecito Argentino, no obstante lo cual cede la dominación de la banda oriental al Brasil, (como si hubiéramos sido derrotados), por obra y gracia de nuestro de nuestro “ilustre” Rivadavia, que prefería tener el ejercito en Bs.As. para aplastar al interior “a palos y cueste lo que cueste” (Agüero). Esta escandalosa capitulación después de la victoria, produjo tal efervescencia y descrédito de Rivadavia, que aunque quiso poner de chivo expiatorio a García, tuvo que abandonar el gobierno. (con lo, a decir verdad, nos libró para siempre del “sapo del diluvio”) “Estando (Rivadavia) en sus últimas boqueadas (last gasp) pero aún no muerto –informa Lord Ponsonby al Foreign- vio en el rechazo del convenio de García una última esperanza de salvarse apelando a las pasiones patrióticas y presentándose él mismo como el salvador de la Patria”

Dorrego quiso retomar la guerra ganada, pero el Banco de Bs.As. (dominado por los accionistas ingleses) le negó todo recurso: "no facilitarle crédito sino por pequeñas sumas para pagos mensuales" (instrucciones de Lord Ponsonby a los accionistas del banco). Convencido Lavalle (la Espada sin cabeza) por los iluminados como Del Carril y Agüero, derrocó y fusiló sin mas trámite a Dorrego, gobernador legal de la Provincia de Bs.As.

Rosas consideraba a Paraguay parte integrante de la Provincias del Río de La Plata, y no pretendió anexarla por la fuerza a la Confederación, sino que le dio el trato de “Provincia”, tratando de atraerla por convencimiento y no por la fuerza. Similar política tuvo con Bolivia y la Banda Oriental, apoyando con el ejercito a argentino al general Oribe, presidente electo del Uruguay y desplazado por la ingerencia brasilera.

Por otro lado Río Grande do Sul trató de independizarse del imperio a través de la revolución de los “farraphos”, que pidieron auxilio a Rosas, y hasta tuvieron intenciones de unirse a la Confederación Argentina.

Esta situación política mantuvo una situación de estado latente de guerra con el imperio, incluido espionaje y contraespionaje de ambas partes, que llevo casi a la guerra con brasil, (ganada de antemano por la evidente superioridad argentina) y que finalmente terminó en el derrocamiento de Rosas por la traición del Urquiza, jefe del ejército de vanguardia, que se pasó con todo su ejercito al bando enemigo en vísperas de la guerra.

Durante esa guerra diplomática de intrigas y de espionaje, Andrés Lamas y Alsina comienzan a recibir, a través Juan Nepomuceno Madero, información confidencial y reservada desde Buenos Aires, que retransmiten al encargado de negocios de Itamaraty, Rodrigo de Souza da Silva Pontes. Los informes eran remitidos desde Buenos Aires por Pedro Duval a Madero, y a veces directamente a Lamas o al mismo Ponte de Ribeiro en Río de Janeiro.

Los informes eran de tal precisión y detalle, que solo podría conocer alguien muy cercano a Rosas o a sus ministros. Pasaba información relacionada con movimientos del ejército, diplomacia, correspondencia secreta y hasta cosas intimas como el humor del Restaurador. Los informes tuvieron tal credibilidad para los brasileros, que muchas veces guiaron su propia política y sus pasos, a tal punto que el ministro brasilero, por desconfianza, llego a prescindir de sus secretarios para redactar sus informes.

Pero, ¿cómo haría este Pedro Duval para conseguir la información, que siendo un empleado del correo sin acceso al circulo de Rosas, conocía tantos detalles, y trasmitía por correspondencia manuscrita por su letra?.  ¿Obtendría los informes de algún allegado a Rosas, o algunos de sus ministros o secretarios, Reyes, Pedro de Angelis, Felipe Arana? No se supo que recibiera dinero por el servicio ni como ni con quien sustraía tan valiosa información. ¿Sería algún infiel de Rosas que le daba información? ¿Algún despechado? Lo cierto es que se enviaban informes reservadísimos, por vía Madero-Lamas-brasil y el propio Madero pide a Lamas “mucha reserva y circunspección; está en riesgo un pescuezo y de un bueno y útil servidor”. Madero protegía a su informante directo Duval y a su vez al secreto informante de éste.

Pero ¿quién era este secreto informante, tan allegado a Rosas? Las sospechas caían sobre el propio Felipe Arana o su amigo Pedro de Angelis, redactor del “Archivo Americano”. El historiador brasilero José Antonio Soares de Souza deduce que es Pedro de Angelis, vinculado a Pontes, amigo de Madero y Varela y de la confianza de Arana y el propio Rosas. Pero ¿por qué lo haría? Por dinero, por convencimiento o por solo gusto de la intriga y la traición? Lo cierto es que después de la caída de Rosas, Duval siguió con su empleo en el correo, y de Angelis fue respetado por los vencedores de Caseros, y hasta recibió cierta ayuda económica en Brasil.

El historiador José María Rosa da cuenta de una carta descubierta en el Archivo de Rosas que dice textualmente: “Llegó hace dos horas la “Carmen” y hasta ahora no tengo ninguna suya. Le pido me informe sobre la misión del nuevo comisionado Terreros. He visto en una carta, de ésa del 20 que han llegado algunos delegados de las provincias ofreciendo todo. Insisto sobre la misión de Terreros y sobre el papel de Southern para trabar la acción de Brasil (que no podrá) y lo que haya comunicado Oribe. Después de lo que escribí a usted solo podré agregarle que lo único que se espera para empezar por todas partes es el regreso del comisionado de Urquiza que se espera en el Golphino por momentos. Resumiendo: el 13 salían del Janeiro dos vapores para conducir al Río Grande 400 hombres de línea (cazadores) para estar en la escuadrilla brasilera. Grenfell esta deseando empezar, y empezará de un modo firme y de frente. Vamos a ver si por ahí ayudan cuando llegue el momento. B”. La carta firmada por Nepomuceno Madero (B) y dirigida al sabido correspondente, fechada en Montevideo el 22 de mayo de 1851 fue respondida punto por punto por el sabido correspondente, tal como informa Lamas a Alsina en carta del 27 de mayo: “Llegó esta mañana el Esk con fechas de ayer. El gran corresponsal algo dice (aquí los informes). Por supuesto el corresponsal aconseja, clama y repite que se obre pronto, pronto” (Carta de Lamas a Alsina que se encuentra en el archivo de Montevideo, Legajos de Lamas, caja 89, legajo 19. según el historiador J. M. Rosa.)

Releyendo la carta en que Madero le pide informes al corresponsal, es evidente que no solamente pide informes, si no que los proporciona: que el comisionado de Urquiza llegará en el Golphino, que salieron 400 hombres para reforzar el ejército brasilero y que el almirante Grenffel estaba dispuesto a dar inicio inmediato de las acciones, etc.

Ahora bien, si la carta remitida por Madero al “corresponsal” (Duval) está en poder de Rosas, y aun así aquel puede responder a Madero sin ser molestado, es evidente (y así lo deduce el JM Rosa en su artículo “El misterio del Sabido Correspondente”) que la carta fue directamente dictada por el Rosas a Duval, (o a alguien que imitara su letra). No era otro que el mismísimo Rosas (por intermedio de Duval, de Angelis y Madero que jugaban de su parte) que valiéndose de los unitarios de Montevideo, trasmitía al imperio informaciones veraces pero intrascendentes y a su vez recibía valiosa información del enemigo. Por intermedio del Sabido Correspondente condicionó las actitudes de Brasil, engañado por años en cuanto a las verdaderas relaciones del la Confederación con Inglaterra y Francia, movimiento o preparación de tropas, etc. El impecable José María Rosas en su artículo dice "¡Gaucho pícaro y taimado, que supo engañar a hombres tan hábiles como los diplomáticos del Imperio!".

Bibliografía:
“Historia Argentina” (José Maria Rosa)
“La Caída de Rosas” (J. M. Rosa)
“El misterio del Sabido correspondente” (J. M. Rosa)
“Rosas y la Política Exterior” (Enrique Arana)
“Final de la Guerra Grande” (Manuel Fonseca)
“La Guerra Grande” (Alberto de Herrera)
“Acusación y Defensa de Rosas” (Rodolfo Trostine)

Fuente: www.lagazeta.com.ar
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Más sobre Pedro Duval y cuestiones relacionadas.

El primer saladero para exportación en la provincia de Buenos Aires lo instaló en 1798, Agustín Wright; estaba próximo a la Ensenada de Barragán. Wright era hijo de Charles Wright (Inglaterra 1720 - Bs. As. 1793) y de María Martina Prans.

Según el enjundioso “Diccionario de Británicos en Buenos Aires” de la historiadora Maxine Hanon, Charles había tenido la concesión de importar a América esclavos negros; al revocarse este tráfico se quedó en el país y adquirió en Entre Ríos la estancia Inbicuy, aquí se casó con María Martina, criolla, el 20 de julio de 1744 y se convirtió al catolicismo. Tuvo siete hijos entre ellos Agustín que se casó con María Estanislada Tartas y murió el 2 de agosto de 1817.

John I. y Edwin Clark, hijos de William y Catherine Watson, llegaron al Pago de la Magdalena a comienzos del siglo XIX. Pertenecían al grupo de paisanos que Wright convocó a partir de 1789, para instalarse con fábricas de carne salada en la Ensenada de Barragán. Lo siguieron los Staples y los Mac Neal. Luego, el francés Pedro Duval se asoció con Juan Isidoro Clark con dicho fin. Este, a su vez, se asocia con Robert Nalder Taylor
Siguiendo el diccionario de Maxine Hanon, Robert N. Taylor era hermano de Frederick Thomas Taylor, hijos ambos de Thomas y Susan Nalder, que murió en Quilmes el 12 de mayo de 1861. Frederick tuvo una importante estancia en Ensenada llamada “La Paloma”. Esta propiedad fue precisamente descripta por el viajero William Mac Cann.
Robert había llegado al país, aproximadamente en 1830 y en 1839 compró la chacra “Los veinticinco ombúes” de los Hudson, 127 hectáreas que vendió en 1841 a James Brown. Fue administrador de la chacra de Quilmes de su hermana Mary y murió el 22 de marzo de 1863.
Un hijo de Frederick, Joseph George, a quien llamaban "don Pepe", que había nacido a bordo del buque Thalía cuando sus padres emigraban a la Argentina, se casó con Catalina Meals, hija de Félix Meals el segundo maestro, después de José Rosende, que ejerció en el pueblo de Quilmes. 

Edwin Clark se casa con la hermana de los Taylor, Mary, inglesa, y se instala en Quilmes en una chacra de 115 hectáreas pegada a la de Juan Isidoro, que luego la adquiere en parte. Edwin ya separado de su mujer muere en Quilmes en 1850. Mary murió en 1884. Tuvieron cinco hijos: Susan, Ema, Edwin, John y Robert. Estos dos últimos residieron en Quilmes. El primero se casó en 1872 con su prima Elyzabeth Clark (viuda de Semple) y Robert Clark con otra prima, María Taylor, hija de Frederick.

Juan Isidoro Clark nació en Yokshire, Inglaterra en junio de 1800. Vino a la Argentina en 1825. En 1827 llegó a Quilmes y en 20 años realizó progresos asombrosos que William Mac Cann en sus memorias describe al detalle. Dio pujanza y modernidad a los establecimientos saladeriles que crearan con los Taylor: “La Materna” y “La Bella Vista”, donde él, a su vez, abrió una casa de ramos generales llamada “La Banderita”. 

Cuando desapareció la industria de la carne salada con la aparición de los barcos frigoríficos del mismo modo tuvo un exitoso cometido con las actividades agrícola-ganaderas y de granja. Además de las nombradas también fue propietario de “La Chacra vieja”, “El Azotea”, “Los Pinos”, “La Quinta Grande”, una estanzuela en Ensenada y otras dos en Magdalena y Melincué. Su esposa fue Ann Mary Whitaker. Fueron sus hijos. Elizabeth (*26/1/1840) casada con James Semple y en segundas nupcias con John Nadler Clark, su primo; Charles (29/3/1842), casado con Bárbara Semple, hija de un primer matrimonio de James Semple, el primer marido de su hermana Elizabeth; Ann Mary (7/11/1847) casada con Albert Barnett y establecida en Inglaterra.
Juan Clark murió el 23 de febrero de 1874 dejando una fortuna de 18.000.000 de pesos plata. Su mujer murió en Quilmes tres años después.
 
Es una de las primeras familias inglesas que se instala con residencia fija en el casco urbano del pueblo. Los ingleses, por lo que se conoce en estas costas, y sobre todo los que manejaban la industria saladeril, no tuvieron inconvenientes políticos durante la gobernación de don Juan Manuel de Rosas. E incluso como lo manifiesta Guillermo Hudson en “Allá lejos y hace tiempo”, lo miraban con cierta admiración. Los Clark profesaban el culto presbiteriano.
El gentilicio “inglés” en esta parte de América se refería a todos los que hablaban la lengua inglesa, ya sean escoceses, irlandeses, galeses o ingleses propiamente dichos. La inmigración británica más numerosas en el Pago de la Magdalena, el Partido de Quilmes, fue la escocesa y luego la irlandesa.
En la diversa documentación hallada, los nombres y apellidos sufren variadas modificaciones, cambios y la castellanización de algunos de ellos, como por ejemplo Edwin, por Eduardo; Melville Sewell por Miguel Sebastián; Yeates o Yates; Batte ó Bate, etc. La repetición exagerada de los mismos nombres en una familia se presta a confusión para identificar a cada individuo, principalmente cuando hay contemporaneidad, como sucede con los Clark: John, Robert, Mary, etc.
Don Juan Clark Watson, fue electo municipal en 1855 por sufragio. Las primeras elecciones que se realizaron con ese fin después de la supresión de los Cabildos en 1821. 

Integraron este primer Concejo municipal además de Clark, el doctor don José Antonio Wilde, también de origen británico y el segundo médico con que contó el pueblo y la campaña de Quilmes, Rufino Fornaguera y el Preceptor don Robustiano Pérez como secretario. Le cupo a esta administración la tarea de empezar a “diseñar” el pueblo. Se encargó de la limpieza de calles y plazas, arrancando maleza y cicuta; de acondicionar los caminos especialmente el que conducía a Buenos Aires y a La Ensenada; más otras mejoras urbanas.