¿Dónde estamos?

Argentina está situada en el Cono Sur de Sudamérica, limita al norte con Bolivia, Paraguay y Brasil; al este con Brasil, Uruguay y el océano Atlántico; al sur con Chile y el océano Atlántico, y al oeste con Chile. El país ocupa la mayor parte de la porción meridional del continente sudamericano y tiene una forma aproximadamente triangular, con la base en el norte y el vértice en cabo Vírgenes, el punto suroriental más extremo del continente sudamericano. De norte a sur, Argentina tiene una longitud aproximada de 3.300 km, con una anchura máxima de unos 1.385 kilómetros.
Argentina engloba parte del territorio de Tierra del Fuego, que comprende la mitad oriental de la Isla Grande y una serie de islas adyacentes situadas al este, entre ellas la isla de los Estados. El país tiene una superficie de 2.780.400 km² contando las islas Malvinas, otras islas dispersas por el Atlántico sur y una parte de la Antártida. La costa argentina tiene 4.989 km de longitud. La capital y mayor ciudad es Buenos Aires

PAPA FRANCISCO

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Chubut , una invitación al Mundo

Asentado sobre el cratógeno de Patagonia, que aflora en algunos sectores, el territorio provincial sufrió una complicada historia geológica, con procesos epirogénicos de ascenso y descenso, seguido de trasgresiones y regresiones marinas las cuales dejaron abundante sedimentación.
A fines de la era Secundaria y acompañando la actividad volcánica, se levantó el plegamiento de los Patagónides, formado en un geosinclinal de limitadas dimensiones al oeste del Chubut, que sería un movimiento precursor del accidente más notorio de la provincia y el país, el plegamiento andino del Terciario, aunque es de destacar que la génesis y las características estructurales de los Andes Patagónicos son disímiles a las de los Andes Centrales.
Aquí destacamos solamente sus consecuencias morfológicas: la principal de ellas, la ausencia de un encadenamiento uniforme, al no haber existido un solo plegamiento. Los movimientos andinos, por otra parte, provocaron fallas que dislocaron y dividieron en bloques la áreas montañosas. Algunos de ellos ascendieron, conformando los cordones serranos, y otros se hundieron, dando lugar a depresiones que serían ocupadas mas tarde por grandes masas de hielo durante la glaciación pleistocénica.
Ésta en su momento de mayor extensión cubría todo el eje cordillerano y parte de las mesetas. Al retirarse dejó como testimonio de su paso los grandes lagos cordilleranos. Simultáneamente el oeste de la provincia también sufrió el mencionado proceso de fracturas, dislocamientos, elevaciones y descensos diferenciados, llegando así a lo que consideramos los caracteres típicos del relieve patagónico, es decir mesetas y sierras -o sea las áreas elevadas- alternadas con bajos y cuencas lacustres -los relieves hundidos-, a los que habría que agregar las escotaduras de bordes redondeados que forman los golfos del litoral Atlántico.
A estos efectos, puramente tectónicos se superponen los derivados de la acción fluvial -valles y cañadones- y eólica -lagunas de deflación-. Sobre este relieve se expandieron durante el terciario extensas coladas de basalto, mientras continuó el proceso epirogénico de avances y retrocesos marinos. Como se puede apreciar, la complejidad es una constante en el relieve patagónico.
Tratando de sistematizarlo podemos analizar solamente sus grandes unidades morfológicas, comenzamos por la más destacada, aunque de menor extensión, la cordillera de los Andes, esta se extiende a lo largo de toda la frontera con Chile pero sin formar una línea continua; incluye cordones trasversales y sierras bajas. Sus cordones y macizos se hallan separados por valles transversales, orientados de este a oeste, donde se alojan lagos glaciarios y valles fluviales.
Las formas de las montañas andinas son del tipo alpino, con cumbres de aristas agudas y abundancia de nieve; con presencia de vegetación boscosa que rodea los abundantes lagos, ríos y riachos.
El límite inferior de la nieve permanente se encuentra hacia los 2000 m, siendo ésta por otra parte la altura media de los cordones (la máxima altura provincial se encuentra en el cerro Dos Picos, de 2.515 m, al oeste del lago Cholila). Como se puede deducir, la cordillera andina es baja en el tramo chubutense, pero resulta suficiente para provocar una clara división climática.
En efecto, los vientos del oeste, provenientes del anticiclón del Pacífico y cargados de humedad, precipitan copiosamente en la parte occidental de los andes, pero se desecan con rapidez hacia el este, por lo que es de aclarar que los caracteres antes señalados referentes a la densa red fluviolacustre y su paralelo estrato arbóreo, corresponden sólo a los sectores de la cordillera que llevan las más altas cumbres.
Es decir que cuando éstas se desplazan hacia territorio chileno, al sur del paralelo 45°, prácticamente no encontramos bosque, como tampoco lo encontramos en los cordones más orientales, ya en contacto con el siguiente sistema montañoso, el de los Patagónides, confundiéndose prácticamente ambos sistemas por su similar morfología, es decir elevaciones bajas y de bordes redondeados, aunque las alturas de los Patagónides son aún de más modestas proporciones asomando, en su altura media, unos 330 m sobre el nivel de las mesetas.
En algunos casos, donde aparecen grupos de rocas resistentes, la erosión ha labrado cerros de cuestas abruptas, destacándose también los morros aislados.
Los Patagónides se desarrollan en dirección norte-sur, separados del sistema andino por los valles de los ríos Chico-Chubut, Languiñeo, Genoa y Senguer. Tienen su límite austral en el codo de este último presentándose algunas alturas de menor entidad en medio de las mesetas formando con ellas prácticamente una unidad paisajística, dada la aridez reinante en todos los casos, traducida en una escasa vegetación xerófila.
Dicha unidad esta dada paradójicamente, por la gran diversidad integrada que presenta el ambiente extra-andino; en efecto, las llamadas mesetas patagónicas son una intrincada mezcla de mesetas, terrazas, cañadones, valles, depresiones, bajos, sierras, salinas y lagunas.
La enumeración prolija de cada uno de estos relieves sería fatigosa, siendo de mayor interés apuntar sus características generales. Las mesetas se escalonan con un ascenso general de este a oeste; aquellas cuya superficie elevada es una planicie, son denominadas pampas, existiendo otras erizadas de pequeños cerros y lomas.
Las superficies suelen estar cubiertas por mantos de basaltos, surgido en efusiones terciarias y cuartarias, o por los rodados patagónicos, cuyo origen -glacial, fluvioglacial y aun marino- está todavía en discusión. Estos rodados aparecen también en los distintos ambientes extra-andinos, como los valles que surcan y seccionan las mesetas en su avance hacia el Atlántico.
Hacia los valles o hacia los bajos descienden los cañadones, valles generalmente secos que corresponden a afluentes temporarios o a ríos hoy desaparecidos, que existieron en épocas de clima más húmedo. Las áreas deprimidas, de las más variadas formas y tamaños, están ocupadas en algunos casos por salinas, en otros por lagunas temporarias.
El más extenso de los bajos, el de Sarmiento, aloja a los mayores lagos de la Patagonia extra-andina, alimentados por los caudales que aporta el río Senguer. De origen claramente tectónico y de mayor profundidad es el Musters; el Colhué Huapi parece combinar la deflación con el fallamiento.
Todo este conjunto degrada hacia el Atlántico, donde termina en una costa abrupta cuando las mesetas caen a pico formando acantilados que pueden superar los 150 m de altura, alternándose con sectores con playas. Nuestra costa chubutense, presentar el accidente más recortado de nuestro litoral marítimo, la Península Valdés, declarada "Patrimonio Natural de la Humanidad" por la UNESCO".