¿Dónde estamos?

Argentina está situada en el Cono Sur de Sudamérica, limita al norte con Bolivia, Paraguay y Brasil; al este con Brasil, Uruguay y el océano Atlántico; al sur con Chile y el océano Atlántico, y al oeste con Chile. El país ocupa la mayor parte de la porción meridional del continente sudamericano y tiene una forma aproximadamente triangular, con la base en el norte y el vértice en cabo Vírgenes, el punto suroriental más extremo del continente sudamericano. De norte a sur, Argentina tiene una longitud aproximada de 3.300 km, con una anchura máxima de unos 1.385 kilómetros.
Argentina engloba parte del territorio de Tierra del Fuego, que comprende la mitad oriental de la Isla Grande y una serie de islas adyacentes situadas al este, entre ellas la isla de los Estados. El país tiene una superficie de 2.780.400 km² contando las islas Malvinas, otras islas dispersas por el Atlántico sur y una parte de la Antártida. La costa argentina tiene 4.989 km de longitud. La capital y mayor ciudad es Buenos Aires

PAPA FRANCISCO

PAPA FRANCISCO

Google+ Followers

El día que Rosas orinó a Mandeville

Pa´qu´el gringo aprenda.

El 20 de febrero de 1844 aparecieron publicadas en “El Nacional” de Montevideo, once cartas dirigidas por don Juan Mandeville, acreditado ante el Gobierno Argentino, dirigidas al doctor Vidal, Ministro de Estado, que lo comprometían por varias noticias que daba, y en la que “aseguraba estaba habilitado para poder afirmarles, que su gobierno no era indiferente a bienestar y prosperidad de la República Uruguaya, como lo vería muy pronto y por las medidas que tomarían para preservarla, etc…” y sobre las conferencias que había tenido con del doctor Felipe Arana, ministro de Relaciones Exteriores, acerca de al mediación conjunta que había solicitado con el ministro francés para tratar de que se hiciese la paz con el Gobierno de Montevideo.
Su lectura produjo sumo desagrado en el pueblo y, principalmente en los amigos de Rosas, porque aparecía Mandeville de acuerdo con sus enemigos y se esperaba que aquél hiciera algún reclamo o demostración de desagrado a éste, que fuese pública.
Aún cuando era notorio que Rosas hacía continuamente regalos a la viuda de un médico inglés que ocupaba una de sus casas, a la que Mandeville citaba diariamente con intimidad por repetidos actos de aquél se comprendía que desconfiaba de éste, como también del Gobierno de Montevideo que ordenó la publicación de las cartas para comprometerlo.
Mandeville no podía ignorar que era antipático al pueblo y que Rosas debía estar irritadísimo por el contenido de las indicadas cartas. Pero, a pesar de todo, se presentó en Palermo la tarde al día 21 en que llegaron éstas en el indicado “Nacional” de Montevideo, que se conceptuaba oficial.
Como media hora después de estar con Rosas en su sala, salió acompañado por éste y a corta distancia de la empalizada en que un sirviente le tenía el caballo , se despidió de Rosas, que se puso inmediatamente a orinar en dirección Mandeville, que, al ruido dio vuelta y lo vio.
Esa tarde había muchas personas en Palermo que, como el señor Otero, gobernador de Salta, el doctor Joaquín Campana y tras, presenciaron acto tan despreciativo, atribuido por todos al desagrado causado por el contenido de las cartas mencionadas.
Se creyó que se produciría una ruidosa y escandalosa ruptura. Mas al día siguiente se supo por persona caracterizada al servicio de Rosas, que el doctor Lepper, su médico, amigo íntimo de Mandeville, se había presentado en Palermo y díchole a Rosas: Que Mandeville estaba sumamente disgustado, que no había dormido en toda al noche considerando que el desprecio que le había hecho la tarde anterior, sería conocido en Inglaterra y reprobado universalmente como que era un insulto a la Soberanía de la Nación que representaba; y que le había encargado que se lo manifestase.
Que si era por las cartas dirigidas al ministro Vidal las había escrito sin intención de ofender al Gobierno Argentino y solo por propiciárselo para poder obtener la libre navegación del Uruguay, que se le había recomendado.
Rosas le contestó: Que extrañaba la susceptibilidad del señor Mandeville, que no ignoraba que padecía de flojedad en el orina y de lo que usted me asiste. Que cuando se despidió de Mandeville esta apurado por orinar y después que se retiró tuvo que hacerlo inmediatamente para evitar orinarse. Y lo extrañaba tanto más, desde que en la amistad que cultivaban y la confianza con que se trataban, el señor Mandeville, tanto en actos oficiales como en los privados, se rascaba las asentaderas, sin que él hubiese hecho nunca más el más mínimo reparo, pues consideró que le picaría y tendría necesidad.
Que en cuanto a las cartas, teniendo él los originales, que le presentó, nada le había dicho. Son once, léalas, señor doctor.
Lepper las vio; se cercioró en silencio que eran originales de Mandeville y le dijo a Rosas que le transmitiría a Mandeville lo que le había hablado.
Siendo este asunto sucio que no convenía hacer aún más público y que atenta la explicación no daba lugar a reclamo. Mandeville se mordió los labios y guardó silencio. Pero, los que tuvieron conocimiento del suceso, quedaron persuadidos que Rosas lo orinó para rebajarlo ante el pueblo y todos supiesen que lo despreciaba y no lo temía.
Tanto los franceses como los ingleses se retiraron de Río de la Plata, sin haber obtenido nada, absolutamente nada de lo que solicitaron a pesar de la intervención y de los bloqueos, y Mandeville quedó orinado y se fue a rascar a Inglaterra.

Manuel Bilbao (h) *

Fuentes:
- Chávez, Fermín. “La vuelta de don Juan Manuel”.p.160
- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

(*) Porteño, hijo de Manuel Bilbao y Mercedes Rivera, y nieto del doctor Miguel Herrera y de Mercedes Rozas Nació en 1870. Autor de “Buenos Aires desde su fundación hasta nuestros días” (1902) y de “Tradiciones y recuerdos de Buenos Aires. (1934) Casó con doña Lola Achaval en 1899. Su hermano Joge Bilbao, dejó una biografía paterna.

Fuente: www.lagazeta.com.ar